Mujeres bajo fuego cruzado

Publicado : 30 Abril, 2013 en Igualdad de género, Portada, Prensa

Por María de los Ángeles Fernández |

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La ministra del Servicio Nacional de la Mujer, Carolina Schmidt, pasa a encabezar Educación, la cartera más turbulenta de todas. Se espera que su popularidad y su ganada fama de negociadora en la aprobación del postnatal le permitan escapar a una especie de maldición que persigue al ministerio con mayor nivel de rotación de sus titulares. La reemplaza Loreto Seguel, cuya andadura hace presagiar que se acentuarán dos fenómenos que la popularidad alcanzada por su antecesora permitió disimular. Nos referimos, en palabras de Pamela Díaz-Romero en su análisis  “¿Gobernar o moralizar? Políticas de género y la agenda valórica de la derecha”, a dos fenómenos. Por un lado, la pérdida de relevancia y de capacidad de incidencia del Sernam frente a otros ministerios y, por otro, a la visión de las mujeres en cuanto a meras correas de transmisión entre bienes y servicios públicos y su grupo familiar, concebido como heterosexual biparental.
 
Schmidt deja en trámite en el Congreso dos proyectos: la tuición compartida de los hijos y el régimen de sociedad conyugal. Se habla de un tercero, un incentivo financiero a las candidatas de forma de promover la participación política femenina. Ninguno de ellos ha sido resaltado como prioridad por Cristián Larroulet, Ministro de la Segpres, que sabe que solamente quedan diez meses para que termine el actual gobierno y se juega a los descuentos en un clima político crispado luego de la defenestración del Ministro Beyer. Además, las elecciones harán que los honorables incrementen su ausentismo al Congreso. En lo inmediato, se anuncia que se abordarán temas tan diversos, pero que se encuentran en el último trámite legislativo, lo que da más garantías de despacho, como el sueldo mínimo, donaciones, un Ministerio de Deportes y la televisión digital. Todo esto transcurre mientras la ex Presidenta Bachelet es candidata en unas primarias que se realizarán el 30 de junio y que son vistas como un mero trámite en su llegada por segunda vez a la Presidencia. Su nivel de favoritismo es un fenómeno tan solo comparable al desdén de los partidos que la acompañan hacia los temas de igualdad de género que, dicho sea de paso, son sus favoritos. En el paisaje político asoman las voces de Camila, Karol, la vocera Pérez así también otras más destempladas como la de la Ministra Matthei. Un marciano que nos visite creería que tanto protagonismo se debe a que las chilenas gozan de igualdad real de participación en la vida política. Pero las cosas son muy distintas. Todas vienen constituyendo excepciones a la norma. La mayoría de las chilenas se sienten excluidas del sistema político. Baste con recordar que tenemos solamente 14% de parlamentarias. La forma en que se cocinan por estos días las listas parlamentarias, sumado el hecho de que algunas aspirantes deben someterse a primarias que solamente suman obstáculos, no hacen avizorar una corrección positiva de dicho guarismo.  
 
Muere por estos días Margaret Thatcher, ícono del avance de las mujeres en la vida política aunque denostada por las feministas. Leo, no sin estupor, un artículo en una importante revista femenina de la plaza que incursiona en la forma en que ella ejerció la maternidad, catalogándola de “mala madre”. Se hace eco de una de sus famosas frases: “El hogar es donde uno va cuando no tiene donde más ir”. Para las mujeres que salen del ámbito de lo doméstico para integrar la fuerza laboral e incursionar en lo público, resulta inevitable que su lectura no remita a la revisión de la propia experiencia. Lo llamativo es que los balances que se hacen sobre los políticos jamás incluyen su desempeño como padres. Todo esto sucede mientras se avecina un nuevo Día de la Madre. Su bombardeo comercial se acompaña de la retórica dulzona que nos recuerda el maternalismo difundido en una sociedad donde se sigue sosteniendo que los hijos y la crianza son responsabilidad de la mujer. El postnatal, el proyecto estrella del gobierno, ha venido a reforzarlo por cuanto buena parte de las argumentaciones para su sustento se apoyaron en esta idea.
 
En paralelo, leemos artículos como “Por qué las mujeres aún no pueden tenerlo todo”, de la ex funcionaria del Departamento de Estado Anne-Marie Slaughter; “El fin de la madre culposa”; “La nueva mujer Alfa”; “Estamos construyendo un liderazgo andrógino”; “Las nuevas working girls chilenas”; “El regreso de la esposa retro”, “El fin de los hombres y el ascenso de las mujeres” o  la polémica generada por la CEO de Facebook, Sheryl Sandberg, con su libro “Lean in”. En él, sostiene que las mujeres pueden liderar una organización con éxito y criar una familia simultáneamente.
 
De su lectura surgen varias líneas posibles de reflexión. La primera es la corroboración de que nos encontramos en pleno desarrollo de lo que ya diagnosticaba el Informe de Desarrollo Humano 2010, centrado en la igualdad de género en Chile. Nos enfrentamos a cambios veloces e insospechados. Estos no son lineales sino que van en distintas direcciones y velocidades, generando tensiones, asincronías y dilemas para ambos sexos. En segundo lugar, someten a sus lectoras a un juego de mensajes cruzados, con información contradictoria acerca de referencias identificatorias y mandatos heredados y los cambios y transformaciones que éstos experimentan. Asistimos a subjetividades femeninas transicionales, muchas de las cuales asumieron al inicio los estilos de inserción laboral tipificados como clásicamente masculinos. Sin embargo, la rebelión frente a los costos que éstos significan parece llevar a algunas a aceptar la posibilidad de la renuncia, lo que incluye en muchas situaciones nuevas formas de postergación y el riesgo de volcarse en los roles tradicionales. Cuando se habla del malestar de Chile, bueno sería abundar en su especificidad por género. La psiquiatra Graciela Rojas, directora de la Clínica Psiquiátrica de la Universidad de Chile es enfática en señalar que “la mujer es la piedra de tope de todos los problemas que enfrenta la familia y nuestra sociedad no dispone de medios ni otras redes sociales que la apoyen”. Algo parecido nos recuerda Irene Meller cuando afirma que “la práctica de la maternidad en condiciones tradicionales se convierte en un factor depresógeno”. No es casual, entonces, que emerjan también vías de escape. La realidad de la fertilidad en Chile, en función de los datos arrojados por el Censo 2012, es de 1,42 hijos. El escándalo que sacude al Instituto Nacional de Estadísticas (INE) por errores y posibles manipulaciones y que han terminado con la renuncia de su director difícilmente alterará dicha cifra.
 
Por último, la forma en que los medios de comunicación y también las redes sociales proyectan y generan conversaciones sobre la forma en que se está erosionando el modelo tradicional de división sexual del trabajo, así como los roles y mandatos asignados a hombres y mujeres, sugieren que debemos tomarnos muy en serio su papel en los desafíos que enfrentamos para la igualdad de género. Debemos hilar fino a la hora de detectar e impulsar mecanismos que permitan lidiar con el sexismo y con la discriminación. Es un tema que debiera ser asumido con más fuerza y convicción por todos quienes pretenden representarnos.