Género: Desafíos en la propia cancha

Publicado : 18 Abril, 2013 en Igualdad de género, Portada, Prensa

por María de los Angeles Fernández |
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La tendencia a la reducción del rol de los partidos en las campañas, de lo que Tantauco y Océanos Azules fueron expresión, se esperaba acentuada por una Bachelet que ha hecho de la distancia con ellos parte de su marca. Su diseño lo viene a desmentir. Contempla su rol en la dimensión territorial-comunal, junto con el aporte técnico a través de expertos ad hoc y una derivada ciudadana, autoasignándose un papel central como “escuchadora”, sin mediaciones. Lo que vemos, también en otras candidaturas, es una aproximación a la realidad en rebanadas, apostando a que la suma configure una idea de país inteligible. Se han anticipado los ejes tributario y educacional al tiempo que se habla genéricamente del combate a los abusos y la desigualdad. No se explicita todavía a qué tipo de igualdad se aspira, aunque debiera ser algo distinto a la de oportunidades que pregona la derecha. En todo caso, cualquier cosa resulta más movilizadora que el aburrido y trivial “salto al desarrollo” con el que este gobierno no logra entusiasmar ni a sus incondicionales.

Pero hay un eje sobre el que Bachelet podría, incluso, mantener silencio, ya que se trata de su propio terreno de juego. Nos referimos a la igualdad de género. A las deudas en materia de derechos sexuales y reproductivos y participación política femenina, se suman las realidades que arroja el Censo 2012. Nos referimos al envejecimiento, que devela la injusta situación previsional por sexo, así como la fecundidad. Ello obliga a huir de los simplismos y aprender de la experiencia europea, sobre todo en conciliación y cuidado compartido. El desplome de 41 lugares en el ranking respectivo del Foro Económico Mundial entrega razones para hablar, si no de retroceso, sí de ralentización en el avance femenino. Es particularmente patente en el ámbito de la participación laboral, la que no se modificará de mantenerse inalterable la estructura económica de mercado. Además, la demandada mayoría parlamentaria puede encontrar límites para temas como las cuotas. Bien sabemos que en la Concertación viven también apóstoles de la meritocracia.

Los nudos críticos que advertía el PNUD en 2010, así como las recomendaciones de la CEDAW, anticipan los desafíos que demandarán respuestas institucionales, pero también culturales, que superan a un Sernam pensado para los 90. El discurso oficialista, pilarsordista y reforzador de los roles reproductivos y asistencialistas, no logra lidiar con una realidad en la que coexisten Glorias y Singleton chilenas con el sexismo hipster, así como con una nueva generación de hombres que perciben pensión de alimentos, ingresan a carreras tradicionalmente feminizadas y aspiran a una presencia activa en la crianza.

La instrucción de la candidata de analizar los ejes programáticos a la luz de la transversalidad de género supone desde ya un buen augurio.