Vuelve a su país

Publicado : 02 Abril, 2013 en Portada, Prensa

por Gabriel Gaspar |

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Según la última CEP, Michelle Bachelet tiene una opinión positiva de más del 75% y una intención de voto del 50%. Mientras tanto, la Concertación alcanza al 17% y la derecha supera levemente el 20%.

Todo retorno siempre reúne dos características. Uno, el país al que se vuelve ya no es igual al que se dejó. Y dos, la que retorna tampoco es idéntica a la que se fue.

En Chile en estos años emergió un amplio descontento. Junto a un innegable desarrollo en los últimos años, la desigualdad aumentó. El desempleo es bajo, pero el empleo estable escasea. Los sueldos son bajos, pero el endeudamiento privado amplía el consumo, y el fantasma de Dicom agobia a una clase media cada vez más extendida como endeudada. La protesta se tomó la calle, síntoma de que la representación política no está funcionando. El sistema ideado para garantizar la estabilidad post dictadura hoy adolece de falta de representatividad y se afecta su legitimidad. Millones de chilenos optan por no participar.

Chile cambió, se diversificó: no cabe en dos opciones. Pero el Congreso sigue preso de un duopolio que limita la representatividad de una sociedad más plural y que reclama sus derechos.

Buena parte de los chilenos sienten vivir en una sociedad de privilegios para unos pocos, y en los últimos años han visto que el poder económico se ha apoderado del poder político.

La que regresa tampoco es la que se fue. Tiene “más mundo”, ha jugado en las ligas mayores. Ha visto cómo el brutal recorte fiscal no es la solución a la crisis, como lo demuestra España gobernada por la derecha. Ha observado directamente cómo el desarrollo de la violencia y el delito afecta en especial a los sectores más vulnerables, como las mujeres, las etnias y los sectores en general que no pueden costearse una seguridad privada ante el fracaso de los sistemas de seguridad estatales. Vio en vivo a los indignados en Madrid y en Nueva York.

Ha reforzado su conocimiento del mundo global. También ha podido observar las oportunidades que se abren ante una nueva era tecnológica. Ha conocido sociedades que invirtieron en educación, en su juventud, en oportunidades y que han elevado su estatura estratégica. Sabe de los peligros del planeta.

Su liderazgo a estas alturas es más carismático que organizacional, porque las encuestas muestran que la mayoría “la quiere a ella pero no a ellos”. Difícil desafío: se demandan cambios pero también estabilidad.

Pero, pese a todos los cambios, el vínculo de confianza, credibilidad y cariño con ella persiste. Precisamente es de lo que carece buena parte de las élites políticas. Refundar las prácticas, reconstruir el nexo entre gobernantes y gobernados, escuchar y atender a los cambios al tiempo de fortalecer la democracia serán algunos de los desafíos del futuro inmediato.