La hora de debatir en serio

Publicado : 20 Febrero, 2013 en Portada, Prensa

por René Jofré |

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Ha pasado tiempo desde el ya mítico debate entre Kennedy y Nixon que inauguró la política de masas mediada por la TV y que, según muchos, fue decisivo en la elección de 1960. Medio siglo después, en la última elección de EE.UU. hubo tres debates: dos que favorecieron al Presidente Obama y uno, el primero, a su adversario republicano Mitt Romney. No hubo sorpresas mayores.

En Chile, desde el retorno a la democracia, en cada elección ha habido debates. Quizás el más recordado sea el de Ricardo Lagos y Joaquín Lavín, en que hubo burlas cuando el candidato aliancista mostraba ante las cámaras las llaves de una casa en la que había pernoctado durante su gira, en una muestra de lo que sería su posterior campaña, que hizo sudar a las huestes concertacionistas que daban como seguro ganador a Lagos. Más de una década antes, el propio Lagos había marcado un hito en la relación TV-política, encarando a Pinochet ante las cámaras.

Debates en la misma coalición también hubo después: Soledad Alvear debatió con Michelle Bachelet antes de bajar su candidatura en 2005, en el marco de unas primarias voluntarias que no llegaron a realizarse.

Para 2013 se inauguran las primarias legales y, como en toda elección, habrá debates. Debe haberlos. Existe interés en la opinión pública por las definiciones de los candidatos/as frente a temas complejos, hay curiosidad por conocer las verdaderas diferencias entre ellos. Se reclama por la falta de ideas en la política. ¿Qué mejor que los debates para confrontarlas y conocer las posiciones de los contrincantes?

Tanto Andrés Velasco como Claudio Orrego están corriendo como candidatos y los dos han marcado una impronta de diferenciación entre ellos, y con la ex Presidenta Bachelet. Velasco representa una corriente liberal de corte tecnocrático, y Orrego, aunque ha asumido un posicionamiento liberal en varios temas, se ha autodefinido como socialcristiano, con una propuesta de corte más popular.

Ambos enfrentarán, con toda probabilidad, a la ex Presidenta Bachelet, quien tiene a su haber no sólo mayor favoritismo en las encuestas, sino que representa de forma más propia a la corriente mayoritaria de este bloque opositor: la corriente socialdemócrata, tanto en su versión de izquierda como en su versión moderada. Que, por lo mismo, tiene un ancho de banda mayor que las otras significaciones en juego. Aún está por verse si las primarias se extenderán a toda la oposición.

Según estudios y encuestas, los debates permiten reforzar o atenuar posiciones previas, más que sumar nuevos adeptos. Cada comando tiene la experiencia profesional suficiente para no caer en los errores de Nixon.

¿Cuántos debates debe haber? Los suficientes para que los candidatos puedan no sólo exponer sus programas, sino contrastarlos. Parece razonable que haya al menos dos debates para cumplir este objetivo. Y aunque la televisión universaliza el acceso, una señal política interesante sería realizar alguno de estos eventos en regiones, como ya se ha hecho antes.

Hemos observado que este tipo de eventos en Chile tiene formatos excesivamente rígidos que los comandos se encargan de negociar previamente, pero que no permiten un debate real. Sin embargo, en el Chile de hoy y, especialmente en la centroizquierda, el programa ha pasado a ser relevante para generar la tan ansiada unidad opositora; por lo tanto, la realización de debates abiertos parece una obligación de este sector para mostrar al país el proyecto detrás de la alternativa de volver al gobierno.