Chile y sus vecinos

Publicado : 13 Febrero, 2013 en Portada, Prensa

por Gabriel Gaspar |

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Los últimos días han demostrado que el principal desafío de nuestra diplomacia son las relaciones con nuestros vecinos andinos. Tanto el Perú como Bolivia cuestionan los acuerdos jurídicos surgidos con posterioridad a la Guerra de 1879.

Con el primero siempre hemos tenido algún tipo de litigio que impide pasar a una fase de cooperación y confianza. El reclamo marítimo de Bolivia tiene poco asiento jurídico, pero cuenta con el respaldo unánime en su interior y una amplia simpatía internacional. Frente a ello, Chile ha seguido una defensa estática de un relativo “conservadurismo jurídico”, es decir, parapetarnos en el carácter intangible de los tratados, acompañado de una capacidad de disuasión efectiva.

Esta estrategia imperó buena parte del siglo XX, siendo acorde con el modelo de desarrollo de entonces, que en gran medida no consideraba una expansión de nuestra economía al mercado externo. En el Valle Central teníamos un regimiento cada 50 km., porque como temíamos una invasión, debíamos tener fuerza en presencia a una jornada de marcha. Era otra realidad regional y global.

¿Cuál es la situación a inicios del siglo XXI? ¿Nuestro modelo exportador puede desplegarse afirmándose en una diplomacia defensiva y conservadora? ¿Cuál es nuestro interés nacional? Y acorde con ello, ¿cuál es la relación vecinal que necesitamos construir?

En democracia hemos tenido grandes aciertos en política exterior: una apuesta a la reinserción internacional de Chile, tanto política como económica, acorde con el modelo exportador adoptado, el cual nos ha permitido crecer en las ultimas décadas. Por cierto, en materia económica aún tenemos aspectos pendientes, entre ellos el cómo se reparte la torta del crecimiento, pero la experiencia nos demuestra que una economía volcada al exterior ha dado buenos frutos al país. También hemos tenido éxitos en materia política. La construcción de una nueva relación con Argentina es uno de los principales.

Los objetivos de política exterior sólo pueden alcanzarse por una persistencia como Estado en esos planteamientos. La construcción de un entorno vecinal estable y cooperativo debe ser uno de esos objetivos. ¿Por altruismo? ¿Por vocación integracionista? Las anteriores son buenas razones, pero hay una mejor: por el superior interés nacional.

Si nuestro objetivo estratégico es transformarnos en un país desarrollado, la historia nos muestra que es muy difícil lograrlo si no construimos un entorno de estabilidad y de cooperación. Es bueno tener excelentes relaciones con Europa o Norteamérica, pero ello no nos debe llevar a ignorar que tenemos un desafío vecinal. Corresponde diseñar una estrategia vecinal que supere la defensa estática. Esa es tarea para nuestra diplomacia; el mercado podrá apoyar esta estrategia, pero no la reemplaza.

Actualmente estamos en otra situación: defendiéndonos de un reto peruano ante La Haya, y sin maniobra ante el reclamo boliviano. En ambos casos recurrimos a la intangibilidad de los tratados, con la paradoja de hacerlo con moderación frente al Perú -que ya desconoció un acuerdo vigente- y con fuerza ante Bolivia, que ha anunciado que planea demandarnos. La política exterior es de Estado y requiere reflexión político-estratégica.