La igualdad de género y el retorno de Bachelet

Publicado : 30 Enero, 2013 en Igualdad de género, Portada, Prensa

por María de los Angeles Fernández |

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La expresión “la candidata es el programa”, vertida en el marco de las tensiones programáticas de la Concertación, puede ser leída de varias formas. Por un lado, revela las improntas personalistas (y también oportunistas) de algunos de los seguidores de Michelle Bachelet, lo que no deja de ser curioso. En varias ocasiones ella señaló la necesidad de “anteponer los proyectos colectivos sobre los individuales”. Por otro, provee la certeza de que el Ejecutivo recuperará, en materia de igualdad de género, el rol protagónico que ella le asignó, a pesar de que los partidos lo ignoren como un eje relevante. De hecho, lo ha señalado en sus anticipos epistolares al referirse a la necesidad de una ley de cuotas la que, incluso en tiempos de silencios paritarios, concita 70% de apoyo de acuerdo con la reciente Tercera Auditoría de la Democracia.

Siendo la ex mandataria más reconocida a nivel mundial por sus políticas a favor de las mujeres, su regreso a las lides electorales reactiva las expectativas femeninas. Se suele decir, casi en tono de consuelo, que su impacto fue más bien simbólico. La paridad visibilizó a un contingente de ministras que, salvo excepciones, no están en la primera línea política. Su reivindicación del liderazgo femenino, con énfasis en la “ética del cuidado”, puede haber reforzado la ideología maternalista presente en la sociedad chilena. Nuestro país, en deuda todavía con la firma del Protocolo Facultativo de la CEDAW, ha descendido 41 puestos en el ranking de igualdad de género del Foro Económico Mundial.

Bachelet tendrá que “entrar a picar”. No solamente por la evaporización del discurso para la equidad de género en la gestión del Estado que orientó las gestiones concertacionistas. El Sernam, nuestra maquinaria estatal de género otrora tomada como ejemplo en la región, experimenta una sangría de funcionarias capacitadas por años para hacer su tarea en perspectiva transversal y multidimensional. La situación, aunque ahora acomode a un gobierno orientado por la lógica de las necesidades prácticas, con énfasis unidireccional en la empleabilidad, no es la ideal para retomar la senda de la autonomía e independencia femeninas en clave de derechos. Pero otros obstáculos acechan. Por un lado, una sociedad que le plantea múltiples demandas acumuladas a un sistema político deslegitimado y, por otro, la sospecha de que, como ya sucedió en su anterior mandato, los partidos que la apoyan la dejen sola en este empeño.