La injusta queja del senador Novoa

Publicado : 23 Enero, 2013 en Noticias, Portada, Prensa

por María de los Ángeles Fernández |

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Los resultados de la Tercera Encuesta Auditoría de la Democracia, realizada por un grupo transversal de centros de pensamiento con el auspicio del PNUD, no arrojan sorpresas en materia de confianza a las principales instituciones políticas, que sigue en caída libre.

Algo llamativo es que se revierte el entusiasmo inicial que alguna vez concitó el voto voluntario. Aunque reconfortante para los partidarios del voto obligatorio, entre los que me encuentro, pudiera leerse en clave reactiva frente al casi 60% de abstención en las elecciones municipales.

Por otra parte, así como ayer los paladines del voto voluntario argumentaban que éste cerraría la brecha de confianza entre ciudadanía y política, hoy transfieren esa esperanza a las primarias. Para sustentarlo, se apoyan en el 61% de adhesión que éstas reciben. Sin embargo, lo curioso es que ésta se presente casi como la única vía para llenar la fisura entre partidos y ciudadanos.

Aunque no hay una única forma de entender la participación y la representación en el marco de la teoría democrática, la derecha ha sido particularmente exitosa en mantener los contornos del debate público en el modelo competitivo-elitista de la democracia. En él, la fuente principal de legitimidad proviene del resultado electoral.

Se olvida, o se caricaturiza como “chavista”, que existe otra concepción, de tipo participativo. En ella el control ciudadano, que no se agota en el voto, puede ser permanente, y la sociedad civil, más que liberar áreas del control del Estado o demandar ideas, aspira al control dinámico del poder y a generar capital social. Para ello existen mecanismos, algunos de los cuales también recurren al voto universal y directo, pero de los que no se habla. Nos referimos a la iniciativa popular de ley, el plebiscito, el referéndum, la consulta popular y la revocatoria de mandato, por citar algunos. 
Por estos días, el gobierno se ve interpelado por las acusaciones de abandono de las ideas del sector que formula el senador Novoa. Pero éste, al contrario, debiera sentirse doblemente orgulloso. La derecha no solamente condujo a la Concertación a su terreno de juego en materia económica. También ha terminado por rayar la cancha acerca del modelo posible de democracia al que podemos aspirar.