Venezuela en cuenta regresiva

Publicado : 22 Enero, 2013 en Noticias, Portada, Prensa

por María de los Angeles Fernández y Lucía Dammert | 

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AUNQUE algunos crean que Orwell y Kafka se pasean juntos por las calles de Caracas, la controvertida interpretación del Tribunal Supremo de Justicia, que pospone la toma de posesión del Presidente Chávez para un tercer mandato, no debiera sorprender a nadie. Quien ha leído el libro La historia inconstitucional de Venezuela, de Asdrúbal Aguiar, sabe que no se está frente a una excepción.

Pero acostumbrarse no significa resignarse. La oposición, dentro de su estrechez de maniobra, ha denunciado el hecho como una usurpación de funciones y de la voluntad popular, exigiendo que una junta médica certifique el estado de salud del mandatario.

Los últimos sucesos deben ser leídos en clave táctica. La decisión judicial permite que todos los sectores compren tiempo, de manera de dilatar un escenario electoral con resultados indeterminados para un chavismo que, en apariencia imbatible, se bambolea en el péndulo cívico-militar. Al ungido Maduro, candidato seguro pero carente de carisma, le convendría una elección en un clima canonizante. La oposición, estresada luego de dos derrotas consecutivas, necesita mucho más que un respiro temporal. Lo cierto es que aunque Chávez regresara, difícilmente podría concluir su mandato en 2019. Las elecciones son cuestión de tiempo.

Aunque la atención está puesta en lo inmediato, el juicio de la historia está en curso para quien encabezara las transformaciones del sistema político venezolano desde 1989. Las noticias económicas que algunos medios informan son catastróficas. Un ejemplo es la devaluación que supuestamente el gobierno no puede dilatar más.

Sin embargo, los datos de inflación y de déficit fiscal, comparados con otros contextos e, incluso, con la situación previa a Chávez, no resultan tan alarmantes. El país ha mejorado su Indice de Gini y los venezolanos, antes postergados, han visto mejor su nivel de vida, aún manteniendo la dependencia petrolera, la cultura rentista y la ineficiencia estatal.

Por otro lado, ha sido hábil en ampliar su arco de alianzas. Mientras cierta prensa amplifica el rol de Irán, no hay que olvidar su sociedad estratégica con China. 

Un capítulo especial se escribirá sobre la izquierda regional, cuya peregrinación a Cuba y a Venezuela no puede explicarse solamente en clave de dependencia petrolera e intereses económicos. Es claro que recibió un impacto del liderazgo de Chávez en diversas iniciativas de organización subregional, como Unasur y Alba, en el proceso de negociación con las Farc y con la consolidación de un eje llamado progresista, con definiciones de política interna y externa alejadas de la corriente principal.

Pero en paralelo se muestra condescendiente y relativista frente al militarismo del proceso, su equívoco récord en materia de derechos humanos y el irrespeto por las instituciones democráticas, con excepción de actos electorales intensamente disputados. El apoyo humano a Chávez es entendible. El mutismo frente a estos hechos, no tanto.

La guinda de esta torta viene siendo que decisiones estratégicas para el futuro de un país que aspira a construir una democracia “participativa y protagónica”, reclamándose antiimperialista, terminen siendo tomadas en una isla vecina.