Niñez mapuche y “terrorismo”

Publicado : 15 Enero, 2013 en Noticias, Portada, Prensa

por Osvaldo Torres |

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Un informe independiente de 2012 sobre un conflicto de las comunidades de Trefún, en la Región de Los Ríos, realizado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos, es ilustrativo del trato hacia el pueblo mapuche. Este lugar está a cientos de kilómetros de Vilcún, lugar donde fue asesinado el matrimonio Luschinger-McKay. Allí dos comunidades que reivindican 13 mil hectáreas de tierra, actualmente de propiedad de la empresa Sociedad Agrícola y Forestal Las Vertientes, fueron tratadas duramente por Carabineros.

En parte de sus conclusiones el informe señala: “De los antecedentes recabados consta que en el proceso de reivindicación de tierras por parte de comunidades mapuche en la zona, se realizaron actividades religiosas dentro del predio que dichas comunidades reclaman como propio y que la respuesta de Carabineros fue desproporcionada en relación a su contingente y al objetivo que supuestamente se buscaba e irregular respecto del cumplimiento de sus protocolos, especialmente por parte de Fuerzas Especiales que utilizó de manera indiscriminada balines y bombas lacrimógenas que afectaron a niños y niñas, ancianas y ancianos. En particular los hechos de violencia policial que constata este informe dejaron a un adolescente herido en el cuello por perdigones disparados por funcionarios de carabineros que resulta preocupante por el tipo de arma utilizada y porque la víctima es un niño mapuche, objeto de especial protección por el Sistema normativo de Derechos Humanos”.

Estamos ante una muestra del contexto general en el que se está criando una generación de niños y niñas mapuche, producto de una relación violenta y discriminatoria que ejerce el Estado hacia ellos. Hace cuatro años me tocó observar dibujos y juegos de estudiantes de enseñanza básica cerca de Temuco que expresaban el clásico juego del “paco-ladrón” trastocado en el “paco-mapuche”, siendo el malo el primero que reprimía sin motivo a sus padres o ingresaba a sus escuelas buscando gente.

Si tomamos en consideración que hace más de una década que hay control policial de los territorios reivindicados por el pueblo mapuche, se puede afirmar que los actuales jóvenes mapuche han crecido en un clima de hostilidad hacia sus reivindicaciones. Esto lo puede ratificar UNICEF, que debió implementar un programa de formación en derechos del niño a Carabineros para intentar moderar el trato hacia la niñez y evitar vulneraciones a sus derechos. El balance de este programa no ha sido muy alentador si nos atenemos a las resoluciones de la Corte de Apelaciones de Temuco y la Suprema de Santiago, que en 2011 expresaron su preocupación por la forma en que funcionarios policiales trataban a los niños y adolescentes mapuche y conminaron a la institución a respetarlos durante los procedimientos.

Pero si de crianza se trata, hay que remontarse a lo que señala el “Informe de Verdad Histórica y Nuevo Trato”, que reconoce una historia de discriminaciones, violencia y expropiación territorial a un pueblo. De 10 millones de hectáreas los mapuches fueron reducidos a 500 mil; con semejante reducción de su principal patrimonio, junto con la negación de su lengua y la devaluación a la que fueron sometidos aquellos padres y madres, ¿puede alguien pensar que no se anidó allí un ánimo de justicia, mantenida en los fogones de la ruca por la abuela que transmitía a sus nietos las historia de cómo habían sido despojados de sus tierras y arrojados a la pobreza por los colonos con apoyo de la policía? Lo que hoy se vive en la “Araucanía”, de fondo, es producto de todo lo que hizo y no hizo el Estado con los mapuche, constituyéndose los tribunales de indios o la reforma agraria en estériles iniciativas para ser restituidos en sus derechos siempre negados.

En estos contextos se formaron las generaciones actuales de líderes mapuche, cuando fueron niños y niñas; y es el contexto en que se están educando los niños y adolescentes de hoy. Es la cultura, eso que se transforma pero que no se puede asesinar; es la resistencia que está en la cuna y que puede adquirir muchas formas y resultados, algunas tan repudiables como el asesinato ocurrido en Vilcún y la muerte del comunero Matías Catrileo.

Los derechos de la niñez mapuche podrán ser respetados si hay un efectivo “nuevo trato”, que tiene que ver con el reconocimiento a un pueblo distinto del mestizo que somos. Lo señala el Convenio 169 de la OIT y la ya larga experiencia de impotencia política para resolver este tema por parte del Estado de Chile. Se requiere, nuevamente, voluntad política de justicia.

Foto Agencia Uno