VERGÜENZA INSTITUCIONAL

Publicado : 17 Diciembre, 2012 en Portada, Prensa

Por:
Carlos Ominami, ex senador |
Marcelo Trivelli, ex intendente de la Región Metropolitana |
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La conocida afirmación de que las instituciones funcionan quedó nuevamente en entredicho el miércoles 12 de diciembre, con el Gobierno protagonizando una loca carrera en el Congreso para hacer aprobar, ni más ni menos que una reforma a la Constitución, entre gallos y media noche. Se prorrogó así -por un año- el período de los Consejeros Regionales (CORES). Y más grave aún, es muy probable que, a través de un artículo transitorio se termine transformando en letra muerta la reforma constitucional que estableció la elección directa de los CORES

De esta manera, se dio “solución” a la rebeldía constitucional en que se encontraban el Ejecutivo y el Legislativo.

Efectivamente, el mandato constitucional no se podía cumplir porque a pesar de que él fue establecido en el 2009, después de más de tres años todavía no existe la Ley Orgánica que permita cumplirlo. Las razones por la cuales no se pudo contar con dicha ley hablan muy mal del gobierno y del Parlamento. En realidad son inconfesables puesto que se refieren a la posible competencia que CORES electos por sufragio universal representa para los parlamentarios.

Para evitar una nueva elección de CORES de manera indirecta, que debiera tener lugar el próximo 21 de diciembre, como lo dejó establecido el Director del Servicio Electoral, la ley de reforma constitucional deberá estar publicada en el Diario Oficial antes de esa fecha. Esta es la razón del Gobierno para actuar en esta materia con una velocidad inaudita.

Es posible que no haya precedente de una reforma constitucional despachada bajo una vía híper expréss, en menos de 24 horas, sin la más mínima información a la ciudadanía ni tampoco a la prensa. Esto es: en total sigilo.

Recae sobre el Gobierno y el Congreso Nacional la grave responsabilidad de haberse puesto en un dilema perverso. Aprobar una reforma constitucional entre gallos y medianoche o continuar eligiendo a los CORES de manera indirecta. La verdad es que ambas opciones eran igualmente impresentables. El gobierno y el Parlamento tuvieron que optar entre lo malo y lo pésimo.

La reforma del 2009 se hizo para ampliar la democracia aumentando la participación de la ciudadanía y transparentar el proceso de elección ya que es sabido, que los votos para ser electo CORE por parte de los concejales, se transan en el “mercado” y su valor depende entre otras cosas, de las plusvalías que puedan generarse por los cambios en los planos reguladores.

Aunque sea duro decirlo, hay CORES, con toda seguridad no la mayoría, que han  comprado su cargo. A éstos se les acaba de prolongar su mandato por un año más, por una abrumadora mayoría del Senado y la Cámara de Diputados con, consignémoslo, algunas muy honrosas excepciones. Simplemente impresentable.

La aprobación el miércoles pasado de esta reforma constitucional, tampoco asegura la elección directa de los CORES en noviembre de 2013 como lo indica el inciso primero de la reforma puesto que el inciso final deja abierta la posibilidad de que la votación indirecta se transforme en definitiva.

En conclusión, el proceso se ha desarrollado de manera tal que en la forma y el fondo representa una vergüenza institucional.