Revolución bolivariana en transición

Publicado : 14 Diciembre, 2012 en Portada, Prensa

por María de los Angeles Fernández  //

Para los venezolanos, las elecciones regionales del 16 de diciembre debieran ser de rutina. Mal que mal, acumulan alrededor de 20 elecciones desde 1998, entre presidenciales, parlamentarias, regionales y referéndums. Sin embargo, el agravamiento de la enfermedad que padece el Presidente Chávez introduce elementos de incertidumbre, incluso a nivel regional, debido a las pretensiones continentales del “socialismo del siglo XXI”. Para los anales quedará el manejo de su salud. Su combinación de sigilo y espectáculo levanta suspicacias acerca de lo que subyacería al nombramiento de Nicolás Maduro como su sucesor.   

El país lleva 25 años de vaivenes debido al debilitamiento progresivo de la legitimidad política, en un clima de polarización y juego suma cero. La búsqueda de una alternativa ha terminado concretándose en algo tan evanescente como el carisma personal del presidente. Las elecciones del pasado 7 de octubre hacían pensar que, independiente del resultado, se abría una etapa de transición.

A la enfermedad del mandatario se sumaba el aumento de la conflictividad social y el mapa electoral distinto que dibujó el resultado de las elecciones parlamentarias del 2010. Si bien Chávez ganó con ventaja de 10 puntos, lo hizo con su menor margen de victoria y menos de la mitad de su ventaja en las presidenciales de 2006.

La revolución puede mostrar logros en ámbitos como la reducción de la extrema pobreza y aumento de la escolaridad que hace que sus defensores hagan preocupante abstracción de la exigencia del respeto a  los derechos humanos. El hecho de que el país haya sido elegido para formar parte del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas no puede ocultar lo que más de 20 organismos venezolanos han denunciado: su falla sistemática en el cumplimiento de sus compromisos internacionales en la materia en la última década. Acumula otros pasivos, como el debilitamiento de su moneda, la inflación más alta de la región y el aumento de la deuda pública, sumado al deterioro progresivo de la industria petrolera. Por otro lado, ocupar el quinto lugar del mundo en violencia criminal lleva a cuestionar la tesis de que a menos pobreza, menos violencia.

Sin embargo, todo ha quedado momentáneamente opacado por la pregunta acerca de la sobrevivencia de un chavismo sin Chávez, compuesto por un variopinto grupo que no solamente está atravesado por la tensión militarismo-civilismo, sino también por tecnócratas de izquierda, conversos y pesuvistas. Aunque la inquietud está colocada en la posibilidad, casi cierta, de peleas intestinas, los riesgos para la revolución quizás no se encuentran  tanto en el corazón del poder, sino en las expectativas que despierta la figura del Estado Comunal.

La revolución también ha permitido, como producto de las Misiones,  el desarrollo de sentimientos de autoconfianza, organización, movilización y eficacia política sin precedentes. La legislación más reciente, que buscaría avanzar hacia un punto de no retorno, instala, según los críticos, una conexión directa entre el poder popular comunal y la presidencia, minando las competencias estaduales y regionales. Pero el Estado venezolano está horadado en sus capacidades estructurales. ¿Estará Maduro maduro para todo esto?