Conteo de votos: una crisis que se autogeneró el gobierno

Publicado : 05 Noviembre, 2012 en Portada, Prensa

por René Jofré – Taller Electoral

En 2008 también hubo diferencia entre los votos publicados de la elección de alcaldes y los votos publicados de la elección de concejales (600 mil votos). Sin embargo, más allá de reclamos puntuales, como por ejemplo la comuna de Sierra Gorda, el tema no tuvo mayor trascendencia.

¿Por qué ahora sí?

Lo primero es una cuestión aritmética.

En 2008 votaron en la elección de concejales más de 6 millones de personas (6.354.085). 600 mil votos representaron menos del 8,6 % de diferencia con respecto a los votos para alcalde (6.959.075). Por lo tanto más del 90 % de la votación fue publicada y conocida. Eso otorga certeza a los candidatos/as y sus entornos.

En 2012 fue sustancialmente distinto: lo publicado para la elección de Concejales solo representó un 76 % del total (votó en la elección de alcaldes alrededor de 5 millones 200 mil electores). El 24 % restante es un porcentaje muy bajo para entregar certezas. Por ello los reclamos se multiplicaron.

Lo segundo es un yerro comunicacional. Otro más de una lista interminable.

Hubo un inexplicable silencio de las autoridades a cargo del proceso. Hubo un par de comunicados imprecisos, y un par de declaraciones confrontacionales, casi “rosqueras”.

Pero la crítica no fue solo opositora, a medida que se demoraba más el conteo los cuestionamientos se hicieron transversales, analistas vinculados al oficialismo e incluso candidatos de este sector pidieron mayor seriedad para encarar el proceso. La incertidumbre es el antónimo político de la entrega de resultados electorales. El gobierno no entendió eso.

Nada parecido a una pedagogía que explicara lo que estaba ocurriendo, más aun cuando se trataba de una elección con un sistema nuevo.

Cuando se trata de algo trascendente en la vida política de un país como son las elecciones de 345 comunas, hay que salir a explicar una y mil veces si fuese necesario para que el proceso no se vea interrogado.

La “mala intención” y la teoría del empate (que en este caso además no aplicaba por ninguna parte) fue la estrategia seguida por el gobierno. Mala cosa para una administración que tropieza en la misma piedra desde hace dos años por lo menos.

Lo tercero es una cuestión de índole estructural.

El sistema de conteo es lento, sobre todo en casos en que hay muchos candidatos. No ha habido incorporación de tecnología y hay más papeles que computadoras en el proceso.

En países tan disimiles desde el punto de vista político como Venezuela y EE.UU. existe la modalidad de voto electrónico que en Chile aún no tenemos. Esta modalidad podría facilitar a muchos votantes la posibilidad de sufragar ahora que el voto es voluntario,  además de que puede significar ahorro de tiempo y recursos para el Estado.

Se ha dicho que un cambio sería riesgoso porque ya tenemos un sistema bien socializado y con gran legitimidad. Sin embargo, los cuestionamientos que han surgido en la última elección debieran hacernos reflexionar de nuevo sobre el punto.

La viabilidad de implementar una reforma de este tipo pasa por decisiones políticas. Y la política muchas veces mira con sospecha las nuevas tecnologías desde una posición conservadora y nada de moderna.

Esta reforma al sistema de votación necesariamente conlleva una modernización tecnológica del Servicio Electoral (Servel) organismo que no parece preparado en las condiciones actuales para cumplir un desafío tecnológico mayor.

Puede salir algo bueno de este autogol del gobierno: un acuerdo respecto a la modernización de los procesos electorales. Los reclamos sobre situaciones irregulares en elecciones en comunas determinadas han ido aumentando desde 2004 a la fecha. Hay que poner debida atención a eso.

Por ahora, con los resultados provisorios publicados por Servel pasó la crisis. Una crisis que se generó el mismo Ejecutivo al no comprender las razones de la incertidumbre. No es primera vez que la administración Piñera actúa así frente a un hecho cuestionable y lo amplifica con su parsimonia, lamentablemente creo que no será la última.