Chile y la paz en Colombia

Publicado : 19 Octubre, 2012 en Portada, Prensa

por Gabriel Gaspar //

En las próximas horas debe partir en Oslo el proceso de diálogo y negociación entre el gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. Nuestro país ha sido invitado a participar como acompañante junto a Venezuela.

¿Por qué está Chile en este proceso?

El conflicto colombiano dura ya más de medio siglo. Es el conflicto más prolongado de la historia de América Latina. Ponerle término permitirá crear condiciones para asegurar que la paz y la estabilidad democrática se consoliden en nuestra región, creando así mejores condiciones para nuestro desarrollo. Esto es beneficioso para los colombianos, pero también para todos los latinoamericanos.

La política exterior chilena se basa en valores y principios de profunda raigambre. La contribución a la paz y la estabilidad es uno de ellos. Especialmente cuando se trata de nuestra región. Chile es una mano amiga si de construir la paz se trata. Es una política de Estado, independiente de la opción política que nos gobierne coyunturalmente.

No todo es principio; también hay concretos intereses. Una de las principales amenazas a nuestra seguridad es el delito organizado, especialmente el ligado al narcotráfico. Uno de los puntos de la agenda del proceso de paz es un acuerdo para combatirlo. Por cierto, a mayor paz, mayor institucionalidad y Estado de Derecho, y menos espacio para el delito organizado.

Colombia y Chile son buenos amigos, en todos los frentes, y ello se mide entre otras cosas por la creciente interacción entre ambos países y sociedades. Miles de ciudadanos colombianos migran a nuestro país aportando en diversas actividades. Más de 100 empresas chilenas han invertido alrededor de 13.000 millones de dólares en Colombia.

Las amistades se refrendan en los momentos de necesidad. Por ello la invitación a que acompañemos este proceso fue inmediatamente respondida favorablemente. Los chilenos hemos cooperado en la paz en la lejana frontera hindu-pakistaní, en el Medio Oriente, en Bosnia, en Haití. Con mayor razón debemos apoyar un proceso en nuestro vecindario, entendiendo que en esta oportunidad nuestra presencia será fundamentalmente política y diplomática.

Estas y muchas otras razones han influido seguramente en nuestra presencia en este proceso, lo que nos honra y nos compromete. Nuestra participación debe ser respetuosa de los ritmos y los acuerdos que construyan ambas partes, y exigirá nuestra presencia profesional, de carácter estatal, de excelencia y sin pretensiones de protagonismo. Estamos convencidos de que así ocurrirá, hoy y mañana.