La Fundación Chile 21, a 24 años del plebiscito

Publicado : 05 Octubre, 2012 en Noticias, Portada

El 5 de octubre se cumplen 24 años de la victoria democrática que inició el fin de la dictadura y abrió un nuevo período en nuestra historia.

Muchos de los que vivieron ese momento y lucharon por años, hoy ya no están con nosotros. Otros tantos, han persistido en la lucha por profundizar esa conquista, asumiendo que la democracia nunca es una tarea acabada y que siempre requiere repensarse a sí misma.

El 5 de octubre de 1988 ganó Chile, fue una victoria épica. Ese día los chilenos decidimos que ya no queríamos más dictadura. Fue un día en que la fuerza de un lápiz y un papel le ganó a la amenaza y la muerte. Esa es la diferencia ética de las victorias de la democracia y el progresismo.

En estos años surgió otro Chile, crecimos en muchos aspectos, y también emergieron nuevos desafíos.  La convivencia democrática, el respeto a los derechos humanos, el creciente reconocimiento de la diversidad y el pluralismo, son logros de una sociedad que se abre paso en este nuevo siglo.

A casi cinco lustros del inicio de la transición democrática es obvio que Chile necesita replantearse su futuro.  Lo dicen la inmensa mayoría de chilenas y chilenos,  incluso aquellos que no fueron testigos de esa lucha épica del plebiscito, porque nacieron y crecieron en democracia. Muchos no pueden expresar sus demandas pero, se han expresado a través de los estudiantes, las organizaciones regionales y lo reclaman nuestros pueblos originarios. 
 Los chilenos queremos un país donde el fruto del crecimiento se reparta equitativamente. La dignidad de la inmensa mayoría de los chilenos demanda derechos sociales universales y garantizados que hoy es posible asumir en educación, en salud, en previsión, en medio ambiente y en igualdad de género. Es cierto, no somos un país desarrollado, pero estamos en un desarrollo medio que permite elevar el nivel de vida de todos, precisamente, porque el objetivo de los países y los gobernantes debiese ser mejorar el bienestar de su población.

Pero sobre todo, Chile manifiesta su malestar porque es inaceptable seguir tolerando los privilegios económicos, políticos o culturales de una minoría codiciosa, de una elite ensimismada en el poder.  Por el contrario, queremos afirmar los derechos de una sociedad más igualitaria, sustentable, laica y culturalmente moderna y tolerante.

En estos años se ha impuesto el marco constitucional que nos dejo la dictadura gracias a una derecha que no oculta sus simpatías por el dictador. Ha sido imposible a la fecha poder modificar la camisa de fuerza que nos heredaron.  Los gobernados estamos disconformes con los gobernantes.  En Chile ya no caben dos opciones. Es tiempo de abrir paso a una diversidad que demanda una nueva institucionalidad, consensuada y reflexionada, es decir, una nueva Constitución plenamente democrática en la que se sustente el conjunto de valores y preferencias que los chilenos y chilenas privilegien para orientar la vida en común.

Tal como hace 24 años los chilenos mostramos y opinamos que queríamos otro futuro, hoy se impone que las nuevas generaciones, el nuevo Chile que construimos en estos años,  puedan participar sobre su futuro y ser actores de su desarrollo. Con ese espíritu, la Fundación Chile 21 renueva su compromiso con: 

  • Actuar como un espacio de reflexión inclusivo y amplio del pensamiento para la construcción del paradigma  progresista en el país;
  • Facilitar la articulación de los movimientos sociales con el mundo de la política partidaria;
  • Incorporar visiones al proyecto de país que integren la dimensión económica con la social y la ambiental en el marco de la sustentabilidad, enfatizando la importancia de la igualdad de género, del papel de los jóvenes y del reconocimiento de nuestros pueblos originarios;
  • Contribuir a prestigiar la actividad política, así como la necesidad de reflexionar el futuro de Chile en la perspectiva de una nueva estrategia de desarrollo;
  • Aportar con análisis y discusiones que mejoren los planteamientos programáticos del progresismo;
  • Sistematizar y socializar el devenir de la política en el país en el marco de la globalización, a partir de su inserción en América Latina;
  • Contribuir a la formación de liderazgos sociales y políticos.