La “ultraizquierda” ya está aquí

Publicado : 02 Octubre, 2012 en Portada, Prensa

por Osvaldo Torres //

La palabra-concepto “ultraizquierda” está renaciendo en el vocablo de varios políticos y me parece que es un indicativo de algo importante. Veamos:

“Este es un nuevo ataque de la ultraizquierda en mi contra, usando las mismas falsedades de siempre (acusarlo de estar involucrado en violaciones a derechos humanos). Yo nunca cometí delito o incorrección cuando me desempeñé como Subsecretario del Interior (de Pinochet)”. A. Cardemíl, diputado de RN, 24 de Septiembre, 2012.

“Esta cuestión de la ultraizquierda no le ayuda a la ex Presidenta Bachelet, la izquierdización de la Concertación es fatal para el retorno de la ex Presidenta Bachelet y don Camilo Escalona se da cuenta de eso”. Carlos Larraín, presidente de RN y senador designado, 5 de septiembre.“La declaración explícita (de querer ser candidato presidencial del PC) es la consumación de una estrategia del senador radical. Gómez ha ido izquierdizando su discurso para intentar ser el candidato de la ultraizquierda”, Jorge Burgos, Diputado PDC, 9 de septiembre.

El uso de las palabras no es inocente, eso se sabe. La primera cuestión a establecer es por qué ahora y nunca antes en los 24 años, desde 1988, se le usó. Creo que es por una cuestión evidente de un nuevo contexto, cargado de incertidumbre por una fragilización de la institucionalidad gestada en el pacto de la transición. Este resquebrajamiento ha sido producido no por obra de los actores políticos —que mostraron una encomiable disciplina—, si no porque la movilización ciudadana ha desnudado las distorsiones e incapacidades de estos para representar las nuevas aspiraciones individuales y colectivas.

Pero también el contexto está siendo mal interpretado. La pregunta sería por qué. Una respuesta provisional es que la elite u oligarquía política, constituida en estos años, se acostumbró a unas maneras de gobernar, consensuar y repartir prebendas y cargos, en un escenario vacío de pueblo. Al reaparecer la presión social por demandas que se consideran justas —cuestión bastante normal en las sociedades latinoamericanas y ahora europeas—, en contextos políticos de una democracia autoritaria o restringida como la que tenemos, la capacidad política para ponerse a tono con esos sentimientos y propuestas se trastoca. Se busca hacer dominante la idea autoritaria que “seguir el vocinglerío” sería populismo y contradecirlo sería tener estatura de “hombre de Estado”.

Con este contexto más dinámico y mal interpretado —en tanto las proyecciones no se realizan o se controlan cada vez menos— los políticos requieren volver a viejos mecanismos para gobernar. Cuando se administra el Estado sin la presencia activa de “la gente” no hay muchos problemas, es cuestión de conversar entre iguales con distintas ideas, pero cuando la ciudadanía se empodera hay que meterle miedo para que se esté tranquila y deje al personal político especializado resolver los “grandes temas nacionales”. Ellos piensan que “la masa no está preparada” o no tiene la “suficiente visión” para resguardar los intereses de la nación. Por ello el viejo mecanismo de producir el temor con un externo a ellos, que pueda mantener tranquila a la sociedad, se hace posible; esto es, se hace reverdecer la palabra “ultraizquierda” como un “peligro posible” si alguien se desvía.

De los usos políticos de miedo los chilenos y chilenas sabemos bastante desde la construcción de la campaña de “los tanques rusos en La Moneda” y “las guaguas que quitarían los comunistas para llevárselas a Rusia”, si ganaba Allende en 1964.

La “ultraizquierda” connota algo extremo, que está fuera de lo normal. Si el eje político izquierda-derecha sigue operando para estas cosas (aunque no ocurra para pactar salarios miserables o ajustes tributarios) implica que la “ultra” es un blanco móvil. Es decir, la ultraizquierda sería algo que está en el extremo, el que es llenado por alguna agrupación política según los requerimientos del discurso hegemónico.

El punto es el siguiente: ¿se pretende ahora motejar de ultraizquierda a toda agrupación social o política que queda fuera del duopolio? ¿Toda posición de izquierda por la Asamblea Constituyente es del tipo “ultraizquierdista”? ¿No será que el eje izquierda-derecha se ha ido desplazando hacia la derecha y que las reivindicaciones propias de la izquierda —más democracia y más justicia social— están siendo ocupadas por nuevos agrupamientos ciudadanos de carácter político y/o social?