Marchas, votos y democracia

Publicado : 23 Agosto, 2012 en Portada, Prensa

por Eugenio Rivera //

EN UNA reciente columna, Patricio Navia sostuvo que “en democracia los votos pesan más que cualquier marcha”; pero la pregunta es otra: de qué forma interactuarán las movilizaciones con el comportamiento electoral.

Es también poco preciso señalar que el día de la elección, los votos despejarán cualquier duda sobre la dirección en la que quiere avanzar el país. Cabrá distinguir si se trata de una elección presidencial, parlamentaria o municipal, qué tan  holgado es el triunfo, si la elección presidencial la gana una fuerza distinta a la que logra la mayoría en el Congreso, entre otras consideraciones. Muy importante también será evaluar el estado de ánimo societal. Ello incidirá en las prioridades del gobierno y en el carácter más o menos activo de la Administración. En todo ello incidirá la existencia o inexistencia de marchas.

Navia adjudica al Presidente haber generado la impresión de que las disputas políticas se zanjaban en las calles. Con ello se busca minimizar el alcance de las protestas, aduciendo que crecieron no por fallas del modelo, sino por la gestión política gubernamental. Lo cierto es que hoy convergen cuestionamientos profundos: bajos salarios, mala distribución del ingreso, educación desigual, expectativas negativas respecto de   pensiones de las AFP, vulnerabilidad y altos precios en la energía, abusos en las relaciones con la banca y el retail. Confluye la baja aprobación del sistema político, la irrelevancia de la oposición parlamentaria, la ineficacia de la institucionalidad energética y medioambiental y el deslizamiento del gobierno hacia una pendiente represiva que evidencia incapacidad de diálogo.

Navia establece un contraste que al menos peca de ingenuidad: nada más desigual que tomar decisiones políticas a partir de cuánta gente participa en una marcha; nada más igualitario que una elección donde el voto de cada persona vale lo mismo. Ningún gobierno toma decisiones relevantes por una marcha. La pregunta del tomador de decisiones es otra: ¿Representa esa marcha una parte sustancial de la población? Es cierto que muchos abusan al arrogarse la representación de otros sectores, pero es interesado negar que los sectores más activos de la ciudadanía levantan demandas representativas de sectores que no lo hacen porque lo perciben como problema personal o carecen de posibilidades de instalarlas en la agenda política. Al final, dicha representatividad debe ratificarse y las urnas son, sin duda, un camino propicio.

Lo más discutible de la postura de Navia es la afirmación del carácter igualitario del voto. ¿Es que no inciden en nada las diferencias de acceso a la información y los recursos para propagar las diferentes posturas? Es cierto que el voto del propietario de un grupo económico vale lo mismo que cualquier otro al depositarlo en la urna, pero el problema es la asimetría en la capacidad de influencia de esa persona sobre otros miles de votos de quienes, a su vez, carecen de toda posibilidad de influencia. La organización y la movilización social son mecanismos de los que tienen dificultades para hacer escuchar su voz en otros votantes. Por ello, contribuyen positivamente a la democracia.