El pueblo unido…avanza con partidos

Publicado : 09 Agosto, 2012 en Prensa

por Gloria de la Fuente //

Hay que reconocer que este gobierno ha tenido parciales conquistas en materia de reformas políticas: aprobó la inscripción automática y el voto voluntario que, a contra pelo y con resistencias, es innegable generará un remezón considerable en la inercia que venían registrando nuestras elecciones hasta ahora; promulgó el adelanto de la fecha de la elección presidencial que, bajo su argumento, podría contribuir a que aumente la participación en el balotaje, dado que no coincidiría con el  periodo estival. A ello se agrega un cumplimiento relevante de envíos de proyectos de ley, porque al menos expresan voluntad, que van justamente en la línea de profundizar la democracia: primarias voluntarias y vinculantes, realización de plebiscitos comunales, iniciativa popular de ley, elección directa de consejeros regionales (reforma constitucional aprobada por la Presidenta Bachelet), entre otros ligados a transparencia, probidad y reforma del Estado. Todos ellos parte de la agenda de reformas políticas propuesta y que hoy expresan diverso nivel de avance y debate.

Pero a la luz de los avances, cabe preguntarse ¿resuelven estas reformas en sí mismas las problemáticas que tiene nuestra democracia?.

Cuando vamos al detalle de la promesa de la agenda de reformas políticas nos tomamos de inmediato con dos omisiones graves y determinantes, que tendrán innegable efecto en el funcionamiento general de la política y el futuro de nuestra democracia.

El primero de ellos es la ausencia de una propuesta de reforma electoral para la elección parlamentaria, el llamado sistema binominal.  Cierto es que en esta materia no hay acuerdo ni en la oposición, pero la imposibilidad de generar una transformación sustantiva va en directo perjuicio de la ya instalada crisis de representación que se observa, entre otras cosas, en la enorme desconfianza que tienen las personas en el parlamento y los partidos políticos. Sin duda, la brecha entre la ciudadanía y el mundo político ha ido adquiriendo características de abismo, y es menester tomarse esta señal en serio. No obstante, no es de extrañar que esta propuesta no tenga cabida toda vez que quienes tienen que legislar son juez y parte en la iniciativa y que, además, la bancada mayoritaria del oficialismo, la UDI, se ha manifestado abiertamente en contra de esta reforma. A ello se agrega que, al menos en la agenda de reformas políticas propuesta por el Ejecutivo al inicio de su mandato, la reforma al binominal nunca fue tema.

La segunda omisión es aún más grave porque fue explícitamente una propuesta fundamental en la agenda de reformas políticas del gobierno y es la única que  se ha ido diluyendo en el tiempo, sin que sepamos si habrá finalmente no sólo la voluntad de legislar a través de una iniciativa enviada al parlamento, sino que también, si ello se traducirá en una nueva ley de partidos políticos. Ello se hace aún más urgente si consideramos que las reformas que hoy se discuten tienen repercusión en la realidad de nuestros partidos hoy. En efecto, la inscripción automática y el voto voluntario tendrán efectos sobre la forma de hacer campaña y la oferta política; las primarias obligarán a los partidos a generar mecanismos de democracia interna que ayuden a relevar su rol; en fin. Sin duda, las reformas políticas propuestas implican enormes desafíos parta nuestra institucionalidad partidaria que requiere estar a la altura de responder a las nuevas formas que va adquiriendo la democracia y en este sentido se hace urgente legislar para generar mayores mecanismos de democracia interna, financiamiento público, transparencia, etc.

 El pueblo unido avanza con partidos, porque son la estructura de intermediación que existe para la agregación y representación de intereses que siempre están dispersos en la sociedad. Además, son organizaciones que contienen un conjunto de reglas y que articulan proyectos de sociedad. Otra cosa es que nuestros partidos, así como están hoy, no nos gusten y que entonces se haga imperiosa la necesidad de que se transformen, lo que no quiere decir que haya que aniquilarlos y que optemos por la personalización de la política que el único camino que garantiza es el vacio.

Publicado en Diario Pulso