Política económica para ganarle a la crisis

Publicado : 05 Enero, 2009 en Prensa

El objetivo de “ganarle a la crisis” enunciado por la Presidenta Bachelet en su intervención del Foro Anual del Progresismo organizado por Chile 21, plantea grandes desafíos para la política económica de los próximos meses.

Se trata de los desafíos de llevar adelante políticas contracíclicas a nivel macroeconómico, tanto en el ámbito fiscal como el monetario, para reducir al mínimo la caída de la actividad económica y del empleo derivada de la crisis internacional. Y también de implementar medidas específicas para contrarrestar el desempleo que se pueda generar en diversos sectores y de estímulo a actividades (muy particularmente las de inversión) que pudieran estar siendo afectadas temporalmente por dificultades que pueden ser contrarrestadas por la intervención pública.

Para que las políticas y medidas contracíclicas tengan éxito se requiere que se cumplan dos requisitos. Primero, que tengan la magnitud adecuada para compensar el efecto negativo que viene del exterior y, segundo, que se implementen con la debida anticipación, de manera que sus efectos apoyen a los sectores económicos antes que el daño se haya producido.

Cabe preguntarse si se están cumpliendo ambos requisitos en los ámbitos de las políticas monetaria y fiscal. Hasta ahora pareciera que el Banco Central sigue más preocupado por la inflación que el desempleo y la caída del ritmo de crecimiento. A principios de diciembre, mantuvo el nivel de la tasa de política monetaria en 8,25%, perdiendo una clara oportunidad de anticiparse a los hechos que se han  configurando en prácticamente todo el mundo y en nuestro país. Todas las tendencias apuntan a la disminución de la inflación y a la menor actividad económica. Los rezagos en los efectos de la política monetaria son conocidos y esperar un mes para actuar resultará, sin duda, dañino para la actividad y el empleo en nuestro país.

Más aún, el Banco Central no ha implementado mecanismos para evitar una restricción injustificada en las políticas crediticias de los bancos. El ministro de Hacienda afirmó, con toda razón, que en Chile no ha habido crisis financiera. No hay activos financieros “tóxicos”, no hay bancos descapitalizados, ni necesitan inyección de recursos públicos. Sin embargo, en algunos casos siguiendo directivas prudenciales de sus casas matrices en el exterior, estos bancos han restringido y encarecido el otorgamiento de créditos afectando el financiamiento de las empresas de menor tamaño y a los consumidores. La autoridad monetaria no ha tomado medidas para contrarrestar estas tendencias.

En el plano fiscal, debemos recordar que el Presupuesto 2009 fue elaborado cuando los signos de la crisis en nuestro país estaban oscurecidos por la preocupación por contener la inflación. El propio ministro de Hacienda declaraba en agosto (mes en que se elabora el proyecto de ley de Presupuesto para el año siguiente) que la primera preocupación de la política económica era la inflación. En este contexto, el proyecto de Presupuesto se aprobó con una expansión del gasto muy moderada, un 5,7% real (porcentaje inferior al 8% real previsto para 2008), cumpliendo la regla fiscal de generar un superávit estructural de 0,5% del PIB.

Tal proyecto, elaborado en agosto y presentado al Congreso a principios de septiembre, no pudo prever la profundidad de la crisis financiera que se desató en EEUU la tercera semana de septiembre y se extendió a Europa y Japón en las semanas subsecuentes. Y tampoco consideró los agudos efectos de esa crisis en las economías reales. Los datos muestran que la recesión sigue profundizándose en las economías desarrolladas.

Una expansión del gasto de 5,7% (que contiene, además, un aumento de la inversión pública del 8,8%) tiene un componente contracíclico si el crecimiento económico registra un porcentaje inferior a esa cifra. Este es el beneficio de atenerse a la regla fiscal que basada en tendencias de mediano plazo. Sin embargo, es legítimo preguntarse si ese componente será suficientemente poderoso para compensar los efectos negativos de la crisis internacional, primer requisito de una política contracíclica exitosa. Conviene recordar que el gasto fiscal es sólo algo más de un quinto del PIB, en nuestro país.

Dos importantes propuestas han sido elaboradas con el fin de reforzar el impacto contracíclico del  gasto público en 2009. La primera de ellas surgió del propio gobierno y provino del Ministro de Obras Públicas, Sergio Bitar. Consiste en expandir el presupuesto de ese ministerio por sobre lo aprobado en la Ley de Presupuesto 2009 en 100 mil millones de pesos para realizar proyecto que podrían empezar a licitarse de inmediato. La segunda fue planteada por el senador Eduardo Frei quien propuso elevar el gasto público global en un 1% del PIB (un monto también cercano a los 100 mil millones de pesos), esta vez distribuidos entre obras públicas y subsidios a la construcción de viviendas populares.

La demora de las autoridades del Misterio de Hacienda en pronunciarse sobre estas propuestas lleva a preguntarse si la evaluación de estas propuestas culminará oportunamente; es decir, si su eventual aprobación cumplirá con el segundo requisito para las medidas contracíclicas exitosas, su necesaria anticipación a los efectos nocivos de la crisis que se prevén para nuestro país.