¿Por qué la gente se siente mal si lo estamos haciendo bien?

Publicado : 10 Julio, 2012 en Portada, Prensa

por Rafael Urriola //
No; no es el Presidente Piñera quien se hizo primero esta pregunta, sino el entonces Presidente Sarkozy, que incluso llamó a constituir una comisión con dos Nobeles de Economía (Joseph Stiglitz y Amartya Sen) para desentrañar el malestar de los franceses. Lo que concluyeron esos expertos y que ha sido poco a poco respaldado por diversos organismos internacionales, particularmente en Europa, es que hay una diferencia enorme en cómo miden las cosas los que detentan el poder y los demás.

La distancia entre los objetivos de las autoridades y los deseos y necesidades de la población se ha ido ampliando en la medida que avanza la concentración de la riqueza en los países. Así, mientras los unos  miden el estricto promedio de crecimiento del famoso PIB (producto interno bruto), los otros quieren saber si les alcanza el dinero para llegar a fines de mes (un tercio de los chilenos dicen no llegar). Mientras los unos dicen que estamos cerca  o ya en el pleno empleo, un 75% de la población observa que con sus trabajos ganan menos de 300.000 pesos mensuales; mientras los unos dicen que ha aumentado el presupuesto para salud, los otros deben llegar a las 5 de la mañana a los consultorios y, aun así, suelen no conseguir atención.

Lo curioso es que el gobierno cree que el malestar se debe a falta de comunicación. Así la “solución” a los problemas ha consistido en gastar 260 millones de dólares en propaganda como afirma el periódico Cambio 21, haciendo caso omiso a las razones de fondo que tiene la población para reclamar: los ingresos no permiten cubrir las expectativas que el modelo mismo creó.

En definitiva, no es posible basarse en los promedios. Chile tiene 15.000 dólares promedio por habitante pero el 60% es captado por el 10% de la población, es decir hay un “segundo” país compuesto por el 90% de la población que tiene como promedio  solo 6.000 dólares per cápita. La manera en que se ha medido el éxito de la gestión gubernamental es la base del malestar ciudadano porque el crecimiento del PIB o de la inversión puede no tener impactos sobre el bienestar de la gente.

Es reconocido por expertos en economía que se podría hacer crecer el PIB produciendo armas que no aportan al bienestar; que se puede gastar cada vez más en medicamentos pero si éstos se encarecen -por ejemplo, por colusión de las cadenas distribuidoras- el aumento del gasto social no ayudaría a mejorar la salud (bienestar) de la población. Asimismo, si la inversión se concentra en empresas mineras extranjeras  aumenta el PIB pero gran parte de los beneficios son retenidos en las arcas de grandes empresas transnacionales, especialmente cuando éstas pagan impuestos (royalties) muy inferiores al de otros países.

Nadie puede dudar que es imprescindible medir las variaciones de la producción y que es necesario distribuir los recursos entre inversión y consumo, pero la medida última del éxito de un gobierno debe ser cuánto ha aumentado el bienestar de la mayoría de la población. Esto puede medirse con encuestas y consultas pero también se expresa en las calles con las protestas estudiantiles y de trabajadores.