Defensa nacional

Publicado : 22 Junio, 2012 en Portada, Prensa

por Gabriel Gaspar //
La modificación al sistema de financiamiento de las adquisiciones de las FF.AA. culminó exitosamente hace algunos días. Luego de múltiples esfuerzos en gobiernos anteriores, esta vez el Congreso construyó un amplio consenso.

Es una buena demostración de que, tratándose de políticas de Estado, como lo es la defensa nacional, es posible construir acuerdos supra partidarios. Es un mérito la gestión del ministerio; también meritoria, la altura de Estado con que fue recepcionada esta iniciativa de parte de las bancadas de oposición. Por cierto, el contenido de la nueva legislación es en lo fundamental muy similar al de proyectos conocidos y debatidos en el pasado. Hablando se entiende la gente; autoridades y Parlamento hicieron lo suyo: funcionaron las instituciones.

Con ocasión de esta aprobación, el señor ministro de Defensa expresó también otro consenso nacional: la convicción que tenemos los chilenos en torno a la defensa de lo propio. Lamentablemente, el gobierno anterior del Perú nos demandó ante el Tribunal de La Haya, desconociendo los acuerdos vigentes. Por cierto, cuando nuestras autoridades defienden nuestros intereses, no hacen otra cosa que interpretar nuestros consensos nacionales en la materia. En temas de Estado no hay mucho   para las diferencias ideológicas.

Los chilenos, en democracia, tenemos visiones diversas respecto de cómo conducir nuestros asuntos. No aceptamos intromisiones , y, al mismo tiempo, respetamos la autodeterminación de todas las naciones. Benito Juárez señalaba muy certeramente que la paz es el respeto al derecho ajeno. Con el mismo celo, defendemos nuestro territorio y buscamos las mejores condiciones para nuestra población. No demandamos ni un centímetro del suelo de otro Estado, pero defendemos lo nuestro.

Población, territorio y capacidad de decidir por nosotros mismos nuestro destino son los elementos constitutivos del valor principal del Estado: su soberanía.

Nadie se sorprenda; el ejercer nuestro legítimo debate ciudadano respecto de la marcha del país, donde pueden —y deben— florecer diversidad de opciones, no implica ausencia de consensos sólidos en torno a algunos valores de nuestra cultura como nación: la convicción en la democracia como forma de gobierno, la defensa de los DD.HH., la vigencia del Estado de Derecho, nuestra apertura a la interdependencia global y, por cierto, la defensa de lo propio, la defensa nacional.