Primarias o la importancia de las formas

Publicado : 29 Mayo, 2012 en Portada, Prensa

por Gloria de la Fuente //

En los últimos días mucho se ha discutido respecto a las primarias a propósito de la próxima elección presidencial y presumiblemente gatillado por lo que significó, con sus bemoles, la primaria de la Concertación para la elección de candidatos a alcalde y la hazaña particular en Providencia, donde la oposición a Labbé se reunió para elegir a un candidato único para la contienda municipal.

Ello ha generado un sinnúmero de reacciones al punto que no hay en la actualidad partido político de oposición o del oficialismo que reniegue de este como un mecanismo democrático y abierto a la ciudadanía para la selección de candidatos.

Es cierto que las primarias tienen sus bemoles (y vicios que es preciso evitar que se produzcan) y que no constituyen en ningún caso la panacea respecto a la democratización interna de partidos y coaliciones, pero sin duda ayudan, más aún cuando se precisa dotar de competencia y contenidos a la contienda política que, de lo contrario, arriesga sólo a quedarse en un reducido cálculo de votos y eficiencia electoral, pero carente de proyecto.

En efecto, con miras a la elección presidencial del 2013 muchas cosas se ponen en juego con este mecanismo.

En el oficialismo, por ejemplo, es evidente que habiendo tanto candidato en competencia y un gobierno debilitado que ha hecho una gestión desperfilando las propias ideas de la centro derecha (como poner énfasis en el crecimiento y no en el gasto, en la disminución del Estado y no en la creación de nueva institucionalidad), queda aún mucho camino por definir.

En efecto, ¿será acaso que los partidos de la centro derecha que esperaron por años la posibilidad de llegar al gobierno se van a rendir ahora frente a sus dogmas de fe? Es claro que en esta coalición los precandidatos de los partidos expresan proyectos políticos distintos: Allamand un proyecto liberal de derecha, particularmente en los así llamados “temas valóricos”, que riñe con el dogmatismo conservador con tintes de “popular” que representa Pablo Longueira. En ambos casos la amenaza evidente es la candidatura de un Ministro que, sin ninguna militancia política, mucha visibilidad, pero sin una batería clara de ideas que expresen convicciones, se presenta como la mejor carta.

Del otro lado, la oposición tiene su propio lío. Parece haberse instalado, en muchos casos a regañadientes, la idea de una primaria abierta de TODA la oposición y no sólo de la Concertación, pese a que todas las encuestas muestran que la más segura ganadora es la ex Presidenta Michelle Bachelet. Muchos se preguntan si vale la pena ese ejercicio que parece “carrera ganada”, y sin duda la respuesta es afirmativa. En efecto, en un cuadro donde los partidos de la Concertación han tenido incapacidad de realizar una autocrítica a partir de la derrota del año 2010 y, más aún, donde existe la imperiosa necesidad de construir un proyecto político distinto, que ya no es la Concertación, por mucho que se trate de mantenerla a punta de respiración artificial y con pactos y sub pactos que parecen sólo refrendar lógicas de poder más ancladas en lo electoral que en una mirada sustantiva respecto al Chile de las próximas décadas.

De esta forma, la primaria presenta una oportunidad. No se trata sólo del resultado del proceso en términos de candidaturas, se trata de generar un mecanismo que obligue a la coalición de centro izquierda a re pensarse a sí misma y lo que quiere ofrecer al país. Se trata de volver a discutir con la ciudadanía aquellos temas que se abandonaron por la urgencia de generar gobernabilidad desde el Ejecutivo durante dos décadas. Sólo así es posible que el proyecto de centro izquierda vuelva a encantar, pero aún más, que quien encabece esta alternativa, más que ganar la elección presidencial, tenga la real posibilidad de gobernar.