Progresismo reloaded

Publicado : 26 Diciembre, 2008 en Prensa

Destaca la honestidad de Alan Greenspan, quien ha reconocido haber estado por casi diez años “parcialmente” equivocado y que la ideología de libre mercado que le servía de aliciente tenía fallas. La autorregulación de los mercados ha dado paso a una participación estatal y de socorro financiero inimaginable hasta hace poco. Al parecer, de los cinco dedos de la mano invisible de Adam Smith, al menos dos dedos corresponden a la acción del Estado.

La ciudadanía tiene que estar alerta, máxime en un año electoral como el que se avecina y preguntarse quién está en mejores condiciones para defenderla. Ante una crisis, bien lo sabemos, un político de derecha recurre, de manera automática, a la idea de bajar los impuestos, disminuir las tareas del Estado a sus funciones de gendarme y conservar la sociedad sin alteraciones.

La derecha considera natural que la sociedad se divida en ganadores y perdedores, evitando los cuestionamientos morales acerca de esta situación. Quizás es ésta la razón por la cual Sebastián Piñera poco o nada creativo pudo decir en la más reciente Enade. Sin embargo, un progresista piensa no sólo en cómo mantener la libertad y la igualdad, sino en cómo proteger a los más débiles.

En tiempos donde se observa una disputa por interpretar la crisis, no hay que dejar pasar las advertencias de Naomi Klein en este mismo diario sobre los peligros del retorno de la ideología neoliberal, anticipando que “la ideología regresará triunfal cuando el rescate esté hecho. Las deudas masivas que el público está acumulando para afianzar a los especuladores se convertirán, entonces, en una crisis presupuestaria global, que será el racional para profundos recortes en los programas sociales y para un renovado impulso a favor de privatizar lo que queda del sector público”. Dicho de otra forma, de no reaccionar a tiempo, existe el peligro de que asistamos al surgimiento de ideas reformadoras de la crisis de cuño liberal.

Algo de eso ya estamos viendo en Chile, por cuanto neoliberales con cómoda instalación en algunos medios de comunicación no trepidan en afirmar que lo que ha sucedido es una “falla del Estado” y de políticas públicas. Se preocupan de advertir que toda fórmula que contravenga el fundamentalismo de mercado estaría contaminada por una aproximación ideológica. ¿Creerán lo mismo todos aquellos que han debido entregar su esfuerzo en materia de capitalización individual a las administradoras de fondos de pensiones? Las pérdidas han sido catastróficas y, de seguro, usted que lee esta columna, se ha visto afectado.

Si estos recursos hubieran sido administrados por una entidad estatal, no es descabellado aventurar que las penas del infierno habrían sido solicitadas para los directivos a cargo de la administración de dichos fondos. Dicho sea de paso, el último estudio Latinobarómetro 2008 arroja un dato sorprendente y que, por cierto, nadie se ha ocupado de difundir como corresponde: en Chile, 90% de las personas cree que las pensiones deben estar mayoritariamente en manos del Estado, siendo el país con el más alto porcentaje de la región. Este mismo estudio, para el año 2007, advertía que los chilenos desconfiaban del mercado y pedían un mayor protagonismo por parte del Estado.

Parece ser el tiempo de que se exprese el progresismo con convicción, los “progresistas progresistas” o los progresistas a secas, pero con mayúscula. Necesitamos entrar en una nueva etapa en la que pensemos seriamente lo público-estatal. En este marco, debería priorizarse la recuperación de la idea de control político versus las aparentes bondades de la neutralidad técnica, una estrategia de desarrollo que enfrente la heterogeneidad estructural, la creación de defensorías específicas, la dignificación de los funcionarios públicos, más políticas “antiplacebo” y sustentables en el tiempo, como es hoy el programa Chile Crece Contigo o lo fue antes el Chile Solidario, así como regulaciones efectivas, evitando la captura del Estado por agentes privados ubicados en áreas donde están en juego bienes públicos esenciales.

Requerimos pensar en fórmulas donde la intervención estatal no sólo sea sustantiva, sino moderna y republicana. Chile lo reclama por cuanto los ciudadanos parecen estar volcando sus esperanzas en el Estado. Si somos tachados de estatistas, pues lo somos, y en buena hora.

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