El desafío de Hollande y el progresismo en Europa

Publicado : 27 Abril, 2012 en Portada, Prensa

Todo indica que Nicolás Sarkozy será derrotado el próximo 6 de mayo, con ocasión de la segunda vuelta presidencial Francia 2012. El candidato de la centroizquierda, François Hollande, se convertirá en el futuro Presidente.

La votación dura para Hollande alcanza a un sólido 44%. Sólo con dos tercios de los votos obtenidos por el representante del centrista Movimiento Demócrata, François Bayrou, el socialista accederá al sillón del palacio del Elíseo.

En consecuencia, el triunfo de Hollande en la segunda vuelta no dependerá de los resultados alcanzados por el Frente Nacional. En todo caso, se estima que un tercio de los votos de este sector (unos 6 puntos) no se sumarán al actual Mandatario, Nicolás Sarkozy. De ahí, que las encuestas le otorguen a Hollande entre un 53 a un 55% en el ballotage.

Antes que nada, este proceso significa la derrota de Sarkozy, ya que una amplísima mayoría lo rechazó en las urnas. Sin embargo, la adhesión al candidato socialista no puede entenderse como un “cheque en blanco”. Se trata de una adhesión ligera y frágil. De este modo, el líder de la centroizquierda deberá demostrar desde el inicio de su gobierno, un real compromiso con su promesa de “cambio ahora”.

Un factor importante a tener en cuenta, es lo que ocurrirá en la llamada “tercera vuelta”, constituida por las elecciones legislativas que tendrán lugar en junio próximo. François Hollande tiene allí la obligación de transformar  su mayoría presidencial en una mayoría parlamentaria. A partir de esos resultados, tendrá que definir la composición precisa de su gobierno.

Por su parte, en la derecha francesa, se está jugando una encarnizada lucha por la hegemonía. La derrota y desaparición de Nicolás Sarkozy puede generar una crisis que termine en un nuevo liderazgo: el de la extrema derecha institucionalizada en el Frente Nacional y en su líder Marie Le Pen.

La responsabilidad que pesa sobre Hollande es enorme. Tiene que mostrar que los socialistas aprendieron la lección: no basta con administrar, hay que transformar. Una cuestión clave es la modificación del Pacto de Estabilidad, suscrito por 25 países de la Unión Europea, incorporando una dimensión de crecimiento allí donde predomina una austeridad que condena a la mayoría de los países de Europa al estancamiento. En este ámbito, existe un compromiso formal contraído por Hollande frente a los socialistas de todo el continente europeo.

Es crucial su propuesta de emisión de eurobonos para el crecimiento; la ampliación del giro de la banca europea de inversiones y la redefinición del papel de la banca central europea, incorporando el objetivo del crecimiento. Si Hollande lo consigue, se puede iniciar un nuevo ciclo para el progresismo europeo, distinto del anterior —encabezado por Blair y Schröder— que culminó sin pena ni gloria.

Si en cambio fracasa y, sobre todo, si se rinde sin dar la pelea, producto de las presiones que se desarrollarán en especial por parte del mercado financiero, el pronóstico es muy sombrío. La extrema derecha podría afianzar su liderazgo, habiendo mostrado en la práctica, que era cierta su denuncia sobre la izquierda neoliberal y su impotencia frente a los poderes fácticos.

La extrema derecha representa una amenaza inquietante, especialmente en tiempos de crisis que hacen cundir la desesperación. En este sentido, el principal legado de Sarkozy es tremendo: una extrema derecha con un apoyo sin precedentes y ampliamente legitimada frente a la ciudadanía por el discurso presidencial.

Espero, en todo caso, que François Hollande salga adelante y haga nuevamente de Francia, una referencia obligada en los nuevos combates por la ampliación de los derechos del hombre y el ciudadano.

Publicado en “El Mostrador” el 27 de Abril de 2012