Ella concilia sola

Publicado : 23 Abril, 2012 en Igualdad de género, Portada

Uno de los principales resultados del Mapa de la Felicidad recientemente difundido por la Universidad Diego Portales no es solamente que el período de vida en que los chilenos son más felices es entre los 20 y los 35 años.

También informa que, aunque en el mundo las mujeres son más felices que los hombres, en Chile no hay diferencias de género desde el 2000. Uno de sus investigadores señala que resulta más ajustado hablar de matices ya que, aunque las mujeres han igualado a los hombres en la última década, arrojan un 15% menos entre quienes se declaran completamente felices. ¿Cuál sería la explicación? A su juicio, a pesar del mayor acceso a la esfera pública, ello no habría venido acompañado de satisfacciones, sino también de más obligaciones.

Aparentemente, las mujeres nos sentimos con más control que nunca de nuestras decisiones y de su impacto en nuestro destino pero, por otro lado, existe una difundida sensación de agobio, de deuda que no se termina de saldar, de culpa interminable. Ello se expresa en múltiples indicadores. Tomemos dos botones de muestra. El primero, el hecho de que los hombres tienen hasta un 50% más de horas libres a la semana que las mujeres, según estudio de Comunidad Mujer. Pero las mujeres no se libran del malestar cuando ingresan al mundo laboral. Según la Primera Encuesta Nacional de Condiciones de Empleo, Trabajo, Salud y Calidad de Vida, “el sistema de trabajo tiende a enfermar más a las mujeres que a los hombres”. Lo concreto es que las chilenas están ingresando a un mercado laboral que las enferma, porque las segmenta y las vulnera, a lo que se suma la sobrecarga de tareas domésticas a ellas asignadas. Podríamos decir que  las chilenas concilian, sí, pero concilian solas y a un alto costo, tratando de hacer malabarismos en la realización de múltiples tareas dentro de un tiempo limitado.

En este marco, debemos volver a lo que fue el debate sobre la ampliación del postnatal de seis meses. En el discurso del 21 de mayo próximo, de seguro, el gobierno presentará de manera entusiasta su  aprobación como un logro.  Sin embargo, como ya se conocen los primeros balances de su aplicación, las impresiones debieran ser más matizadas. Aparentemente, no se concretó el augurio de su negativo impacto en la empleabilidad femenina. Esta habría crecido de tal forma, que el gobierno lo informa como un récord histórico. Las cifras, y sobre todo el exitismo con que se informan, constituyen en sí mismo un tema debatible. Chile tiene una de las tasas de participación laboral femenina más bajas de América Latina, además de muy desigual. Un reciente informe del Banco Mundial señala que, si bien esta expansión es positiva, se observan importantes diferencias según los niveles de ingreso y situación familiar. Por otro lado, la Fundación Sol ha señalado que las mujeres se han incorporado más precariamente a la fuerza de trabajo. En tercer lugar, el puntillismo metodológico también cuenta. En este aspecto, la especialista Andrea Repetto advierte que parte del aumento (dos puntos, de 41,8% a 43,8%) se explica por el cambio en la forma de medirlo. Tal como se preveía, la ampliación del postnatal permitió sincerar el recurso a la licencia por enfermedad grave de hijos menores de un año, disminuyéndolo. Los problemas surgen con los dos aspectos más publicitados como bondades de la nueva ley, que fue caratulada por la autoridad como flexible y moderna. La flexibilidad no ha supuesto mayor atractivo. Ello se expresa en que solamente 2,5% de madres eligió la nueva posibilidad que brinda la ley en términos de la prolongación de 18 semanas en un régimen de media jornada, recibiendo la mitad del subsidio. En cuanto a la modernidad, referida a la aspiración de que los padres estuviesen más presentes en la crianza, pudiendo hacer uso del traspaso a partir de la séptima semana del permiso postnatal (es decir, desde la semana 18 de vida de su hijo) por un máximo de seis semanas y un mínimo de una semana, reporta magros resultados. A la fecha, solamente 278 hombres habrían utilizado dicha modalidad lo que equivaldría a un 1,3% de las solicitudes de extensión que hicieron las mujeres.

Se requiere impulsar reflexiones más profundas acerca del clima cultural existente en Chile en materia de igualdad de género luego del debate público sobre el postnatal, tanto en términos de su posible impacto en los estereotipos de género como con relación a temas que emergen como ineludibles para las políticas públicas. La CEPAL en su documento “La hora de la igualdad” es taxativa en señalar que, dentro de los cambios estructurales en curso, se encuentra el cultural, uno de cuyos componentes es el género y ello cuestionará inexorablemente las formas de organizar la sociedad.

En lo inmediato, el SERNAM promete la revisión de la legislación vigente en materia de salas cuna que, injustamente, asocia el costo de la maternidad a las mujeres y, por otro, una campaña para promover la utilización del postnatal tanto por parte de la madre como del padre. Es de esperar que se diseñe de tal forma que no reincida en el estilo de la del cavernícola, orientada a la promoción de la corresponsabilidad y cuyos efectos, al parecen, fueron inocuos. Parece importante no descuidar la combinación de la simplicidad que pudiera exigir la llegada a un público masivo junto con el tratamiento de temas culturales complejos. En este campo, la trivialización y la caricatura pueden ser letales. Debiera aspirar a promover la necesidad de la corresponsabilidad en el cuidado y la crianza por parte de hombres y mujeres como una senda que fomenta modelos menos sexistas y conductas más igualitarias en el hogar y en la pareja. Por otro lado, sería importante que interpelara a la organización actual de la sociedad y, en particular, al sistema productivo, de forma de mostrar lo lejano que está de las lógicas de la reproducción y la crianza y por qué es beneficiosa para el país la búsqueda del acoplamiento. No se parte de cero. Existen iniciativas meritorias, pero muy acotadas, como las que incluye el ranking de las mejores empresas para madres y padres que trabajan elaborado por El Mercurio, buena parte de las cuales son transnacionales. El espectro todavía es muy reducido por cuanto, según un estudio del ESE Business School, de la Universidad de Los Andes, en 2010, solamente un 2% de las grandes empresas y pymes colaboran abiertamente con la conciliación trabajo-familia. Para que más mujeres integren la fuerza laboral y para que, además, el trabajo sea una fuente de satisfacción femenina, urge que los empleadores comiencen a centrarse más en los hombres.

La tarea no se ve fácil en un Chile cruzado por muchos otros debates tales como la demanda por justicia redistributiva y mayor igualdad, la crisis de representatividad política y los problemas de gestión territorial que fueron visibilizados en el conflicto de Aysén, por nombrar algunos. Los que soñamos con un Chile permeado por la igualdad de género, donde la democratización de la reproducción, la crianza y el cuidado tengan un rol relevante, tendremos que seguir luchando por dos objetivos: el reconocimiento de nuestra demanda con igual jerarquía, superando una cierta idea instalada en sectores de la clase política, en especial de la masculina que es mayoritaria, de que se trata de temas que siempre pueden esperar, así como establecer argumentalmente su conexión significativa con otros debates como el relativo a la productividad y competitividad económica o las reformas laborales.