Entre Frutillita y Camila

Publicado : 05 Marzo, 2012 en Igualdad de género, Portada, Prensa

La Frutillita es la ídola de mi ahijada, de cuatro años. Su madre, psicóloga, se la recuerda, asociándola a la importancia que una mujer debe asignarle al color rosado.

 

Un sábado en que sus padres la dejaron conmigo, me acompañó a comprar al Easy. El trayecto al interior de la tienda se tradujo en mis intentos por convencerla que no podía llevar consigo todo aquello que tuviera ese color. Le daba lo mismo que fuera alfombra, lámpara, vaso o cojín. No deja de llamarme la atención que su madre adopte dicho icono infantil como referente. Razones estéticas sirven de contrabando para que figuras, en apariencia inofensivas, contribuyan a mantener estereotipos de género.

Resulta llamativo que profesionales contemporáneas recurran a ellas. Podría entenderla para el caso de mi generación, que ha experimentado mutaciones radicales a la vez que ha carecido de modelos femeninos previos. Nuestras madres, en su inmensa mayoría, no salieron al espacio público. Haciendo un ejercicio de introspección, puedo recordar que mis referentes se movían entre la Barbie, muñeca preferida de las sesenteras y, en la adolescencia, por figuras como Margaret Thatcher, Golda Meir, Indira Gandhi o la actriz Bárbara Feldon, famosa por la serie “Super Agente 86”. Un repertorio más que discreto. Pero en pleno siglo XXI, ¿cómo se explica y, más aún, se podría justificar que uno de los aspectos que contribuyen a la construcción de la identidad femenina, como los modelos de rol, esté atado a personajes que riesgosamente facilitan la mantención de estereotipos tradicionales? Más aún, ¿qué entendemos hoy por femineidad a la luz de un amplio abanico de mujeres en las cuales fijar la mirada, presentándolas a nuestras niñas y jóvenes como modelos sobre los que desarrollar una conversación?

No quisiera introducirme en profundidades psicológicas para las cuales no soy competente. Hablo apenas desde la orilla de la Ciencia Política, a partir de la revisión de los todavía muy escasos estudios desarrollados para entender el liderazgo femenino. Existe hoy una amplia gama de figuras femeninas destacadas en distintos ámbitos del quehacer público. Es cierto que todavía es insuficiente. Con todo, lentamente, las mujeres van llegando a lugares impensados pero, paralelamente, van enfrentando el fenómeno de las brechas, donde la salarial ocupa un lugar central. Mientras van rompiendo lo que se denomina el “techo de cristal”, deben experimentar la “espiral de la visibilidad/vulnerabilidad”, que significa que todas son analizadas y observadas con mucho mayor detenimiento y que sus pasos, para bien y para mal, son amplificados.

En este marco, América Latina está mostrando una peculiaridad. Un reciente artículo del diario El País da cuenta de que asistimos a una situación inédita. Señala que hoy, “el 40% de la población de América Latina es gobernada por mujeres. Si Josefina Vázquez Mota, candidata recién electa en las primarias del gobernante partido PAN, ganara las elecciones presidenciales de México, el porcentaje subirá al 60%”. Y recuerda que, “tras las experiencias de Violeta Chamorro en Nicaragua y Mireya Moscoso en Panamá en los años noventa, así como el empuje dado por la elección de Michelle Bachelet en Chile en 2006, la región vive una especie de efecto dominó. ArgentinaCosta Rica y Brasil ha seguido la estela chilena”.

El artículo también se hace cargo de que el ascenso presidencial femenino no se ve replicado en una mayor presencia de mujeres en otras instituciones políticas. El porcentaje de legisladoras en la región se encuentra en torno al 23%, según un estudio realizado en 2011 por el sueco Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral (Idea) y la organización suiza Unión Interparlamentaria. Chile, en este ámbito, a pesar de la paridad ministerial que consagró Bachelet durante su gobierno, terminando con 45% de ministras, está en deuda. En la elección parlamentaria de 2009, sólo el 15% de las postulantes fueron mujeres. Desde 1990 a la fecha, no ha podido concretarse una ley de cuotas y, sin ella, es casi imposible dar un vuelco en el número de legisladoras. De hecho, el argumento de los modelos de rol es uno de los utilizados para incrementar el número de mujeres allí donde están sub representadas.

Preocupada por la Frutillita que inspira a mi ahijada, encontré un interesante estudio realizado por la Corporación Opción, el año pasado, que indagó entre 400 adolescentes, entre 14 y 18 años, acerca de las chilenas más admiradas por nuestras niñas y jóvenes. El resultado fue que, por 43% de las preferencias, es la dirigente estudiantil Camila Vallejo la más admirada, seguida por Michelle Bachelet (32%) y Violeta Parra (27%). La dirigente estudiantil, según precisó la organización que tiene estatus consultivo especial antes el Consejo Económico y Social (ECOSOC) de la ONU, es la primera mención tanto en segmentos altos, medio y medio-bajo como en los distintos rangos de edad. El estudio arrojó otros datos relevantes que hablan del proyecto de vida de nuestras adolescentes: 94% espera llegar a la universidad, sin embargo sólo el 79 por ciento confía en que lo logrará. Las expectativas laborales de las niñas también son altas: 7 de cada 10 quiere ser jefa en una empresa, pero sólo 3 de cada 10 cree que será gerenta.

Casi la mitad de las encuestadas (49 %) desea tener su propia empresa. Cuando se les consultó sobre cómo esperan llevar los gastos del hogar, el 82 % prefiere compartirlos con su pareja, tendencia más fuerte en los segmentos C1 y C2. En el segmento medio-bajo y bajo un 20% quiere ser dueña de casa.

Estos datos confirman la necesidad de prestar atención a las figuras que podrían concitar el interés de nuestras niñas y jóvenes, conversando sobre ello y siendo conscientes de la forma en que van construyendo su autoimagen, asociada a las figuras que, real o potencialmente, surten efecto sobre ellas.

Es cierto que los medios acostumbran a mostrar imágenes de la mujer presas de la caricatura: la fatal, la ingenua, la abnegada, la amazona o la musa. En los últimos tiempos, se suma la mujer de éxito, cuya mejor expresión se encuentra en el ranking anual de cien mujeres líderes que elabora El Mercurio. Afortunadamente, se han ido sumando otras figuras que ofrecen un paisaje más matizado y cercano a la realidad femenina. Es el caso de la propia ex Presidenta Bachelet a través de su ejercicio presidencial y de su biografía. El perfil de mujeres que nombró como ministras, durante su mandato, permitió dar buena cuenta de la heterogeneidad de la experiencia femenina, presentando amplias oportunidades para la identificación. La historia de Chile provee, asimismo, de un buen cúmulo de ejemplos inspiradores para nuestras jóvenes. Sin ir más lejos, se acaba de editar un libro que reúne una selección de las mujeres destacadas chilenas de la primera mitad del siglo XX titulado “Las primeras modernas. Mujeres chilenas entre 1910 y 1960”, de Miguel Laborde. Una de las figuras rescatadas es Eloísa Insunza, primera en Sudamérica en entrar a una Escuela de Medicina. ¿Cuántas de nuestras niñas y jóvenes conocen de su existencia?

En el mundo anglojasón, donde no se plantea la posibilidad de cuotas por cuanto campea la ideología meritocrática, se vienen desarrollando proyectos para incentivar el interés por los asuntos públicos en niñas y jóvenes. En twitter se observa una interesante dinámica en torno a este tema. Están @Girls_Inc, @Iamthatgirl, @WomenandGirls y @PoliticalGirls, por citar solamente algunos ejemplos. Dada la ausencia, en Chile, de mecanismos como las cuotas, estas iniciativas revisten incluso mayor importancia ya que entregan pistas para trabajar en torno a los modelos del rol, inspirando a nuevas generaciones desde un plano simbólico. El potencial es enorme. Según estudios informados en la revista Psychology of Women Quaterly, las estudiantes se ven más impactadas por el género de los modelos que observan como exitosos, a diferencia de sus pares varones, lo que se explicaría por el hecho de que reconocen en él un desafío que tendrán que enfrentar en el curso de sus vidas.

Dado que las personas vemos en el espejo que otras nos brindan posiciones o roles que nos gustaría llegar a desempeñar, es importante reflexionar acerca de cuáles son las mujeres visibles hoy día en Chile y en el mundo, nos interroguemos críticamente acerca de cuáles son aquellas que, debiendo estar, son excluidas y tener conciencia acerca de cuáles serían los modelos de rol más beneficiosos para que nuestras niñas construyan una visión que les permita llegar a ser personas en control de sus vidas.

 

Fuente: MOMWO