El presente griego de la OCDE

Publicado : 27 Enero, 2012 en Portada, Voz Chile 21

Por María de los Angeles Fernández

La OCDE nos saca nuevamente al pizarrón. Por mucho que el Ministro de Hacienda interprete sus últimas recomendaciones bajo la lógica del “vaso medio lleno”, algo de incómodo tiene. No sabemos si fue un propósito oculto de las autoridades de la época o supone un caso de “efectos no buscados”. Resulta evidente que nuestro ingreso supuso un eslabón más en la política de legitimación en el plano externo, iniciada en 1990. En su momento, la prensa resaltó el reconocimiento que suponía para Chile, así como la oportunidad para compartir buenas prácticas en materia de políticas públicas. Lo concreto es que la membresía a tan exclusivo club nos mantiene en situación de permanente deuda en nuestros estándares. Alguien lo graficó agudamente en Twitter: aparecemos como “el rey desnudo”.

El reciente informe sobre Chile es particularmente duro. Se nos recuerda que, con un coeficiente de Gini cercano al 0,5, tenemos el grado de desigualdad en el ingreso disponible de los hogares más alto entre sus miembros. En educación, sintetiza los nudos gordianos que hay que desatar. En algunos, ya se está avanzando pero, en otros, frente a la porfía oficial en la lógica crediticia, plantea la necesidad de introducción de mayores subsidios directos. Quizás el golpe sea más agudo donde se considera que hay más avances que mostrar: política social y fiscal. En la primera, propone avanzar de los subsidios a instrumentos de reparto de capacidades. En la segunda, advierte de los retos en materia de política fiscal y, en particular, acerca del uso del Fondo de Estabilización Económica y Social.

Por último, sugiere la revisión de nuestro esquema tributario en momentos en que el clima social hace ineludible dicha reforma. Por ello, más que un presente griego, la OCDE puede llegar a ser una aliada. Tanto para el gobierno, a fin de vencer resistencias al interior de su propio sector, como para el movimiento estudiantil. A éste se le pronostica, en virtud de una supuesta radicalización, menos eficacia. Pero puede usar sus recomendaciones y argumentos en un portafolio de recursos de protesta más sofisticados que tomas y marchas y, por tanto, más aceptados por la ciudadanía.