El lecho de Procusto del binominal

Publicado : 12 Enero, 2012 en Voz Chile 21

Por María de los Angeles Fernández

El sistema binominal, tema hasta ayer de debates académicos y de negociaciones electorales, ha bajado del Olimpo. Sus efectos distorsionadores en la representación parecen hoy más evidentes al punto que 60% de chilenos está a favor de su cambio, según la más reciente encuesta CEP.

Hay coincidencia en señalar que su reforma debiera ser uno de los temas gravitantes de la agenda gubernamental durante el año 2012, sumado a la reforma tributaria. La demanda ciudadana tiene visos de crecer por cuanto ya se estableció, por obra del movimiento estudiantil, la conexión entre las instituciones políticas y sus efectos en la vida cotidiana. Sin embargo, enfrenta el rechazo de la UDI y los más recalcitrantes de RN a quienes, además, les ha provisto una oportunidad para aglutinarse en el contexto de un gobierno carente de “anclaje”. La prometida, y fallida, “nueva forma de gobernar” no ha encontrado un eslogan sustitutivo lo suficientemente creíble como lo fue, para el gobierno de Bachelet, la “protección social”.

El binominal ha devenido en el “lecho de Procusto” al que la UDI, acomoda la salvaguarda de su “proyecto histórico” cuando, en realidad, intenta enmascarar su posición de fuerza subsidiada. El argumento de su contribución a la estabilidad y al logro de acuerdos políticos trascendentes no resiste análisis. Hasta Boeninger reconoció los efectos disfuncionales que había terminado generando en la democracia chilena. Por otro lado la gobernabilidad, en la que el sistema electoral tiene un importante rol, está comprometida. El paisaje político se ha ido tiñendo riesgosamente de una lógica más cercana a la llamada “pequeña consociación”. Así denomina Pasquino a la práctica política caracterizada por el regateo, la negociación y el reparto de beneficios de corto plazo.

La urgencia por las reformas políticas toma por asalto a un gobierno alérgico a todo movimiento que altere ejes centrales de la arquitectura político-institucional heredada de la dictadura. Paradojalmente, cuanto más escabulla el bulto, más posibilidades adquiere otra demanda que le resulta tan insoportable como para Drácula, la luz del sol: la de una Constitución sancionada democráticamente.