Un gobierno asincrónico

Publicado : 04 Enero, 2012 en Voz Chile 21

Por María de los Angeles Fernández

En el ecuador de su mandato, se puede afirmar que asistimos a un gobierno caracterizado por ser un “presidencialismo de minorías”. Queda por ver si la erosión que experimenta un régimen con alta centralidad decisoria, aunque licuado de liderazgo, añade más problemas a un sistema que carga con el preocupante descrédito del resto de sus actores políticos. Aunque la ecuación de tres jefaturas, de Estado, de gobierno y de coalición, nunca ha sido de fácil resolución, es el Presidente Piñera quien exhibe más dificultades para conciliarlas. La encuesta CEP informa de un récord histórico: 23% de aprobación, la más baja desde 1990. Resulta paradójico, porque no es éste un gobierno que esté de brazos cruzados. Arroja un porcentaje de 50% de proyectos aprobados o en funcionamiento al año 2011, según el seguimiento legislativo de la Fundación Chile 21.

Se ha venido explicando su baja aprobación en función de factores individuales, como su incapacidad para despertar cariño y generar credibilidad. Pero las posibilidades de concreción de una agenda gubernamental no se reducen a la personalidad y al estilo.

Un presidente tiene dos tipos de poderes, constitucionales y partidarios. Es en este segundo ámbito donde se concentran las dificultades. Incorporó al gabinete a dos políticos de fuste, Longueira y Chadwick. Se esperaba que le inyectaran al Gobierno la pericia necesaria para maniobrar en las procelosas aguas de su coalición. Al tiempo que se amplió la cartera de presidenciables y se neutralizaron críticas incómodas, cabe preguntarse si fueron ubicados en los lugares adecuados. Quedaron intocados Interior y Segpres, reparticiones decisivas para la coordinación estratégica del gobierno. El primero, remitido a la lucha contra la delincuencia, es una sombra de lo que alguna vez fue.

El segundo parece engolosinado en llevar un cronograma de metas que, aunque coherentes con el programa electoral, el vértigo político de la movilización estudiantil ha trocado en un tanto asincrónicas.

Si asumimos que el Presidente comprende que le tocó un cambio de ciclo en la política chilena, portador de dos demandas centrales de reforma estructural, la tributaria y la del sistema binominal, los impedimentos para su concreción no están en la oposición y tampoco en lo hecho, o dejado de hacer, por sus predecesores. Necesita enfrentar un déficit que arrastra y de probable acentuación en un año electoral: la falta de ordenamiento de su propio sector.

Publicado en “La Segunda” el 04 de Enero de 2012