Zona de debate: La unidad de la Concertación

Publicado : 04 Junio, 2007 en Prensa

En mi opinión, un mérito de la Concertación es haber avanzado tal sistema, con ideas representativas y con buenos gobiernos. Lo que determinó el acercamiento de ambos humanismos fue la dictadura y el final de la Guerra Fría, que eran un marco autoritario en el que se imponía la exclusión. Ambos hechos contribuyeron a la renovación de democratacristianos, socialistas e independientes, la que hizo posible su gobierno conjunto para procurar superar las exclusiones, aumentar la libertad, y defender los derechos humanos. La discusión sobre el modelo de la dictadura aclaró sus pretendidas ventajas y evidenció sus altos costos. Este se basó en una macroeconomía primitiva, con destrucción productiva y agresiones al medio ambiente, sin avances en infraestructura o tecnología, e imposibilitado de integrarse a la comunidad internacional, que lo rechazaba.

La Concertación reaccionó frente a una idea en boga en el mundo en los años ochenta y aplicó políticas para mejorar tanto la democracia como el mercado, pero sin confundirlos. Además se ha debido remontar una cultura empobrecida y fuertes discriminaciones sociales. En el terreno político se cambió la gobernabilidad del autoritarismo (adhesión incondicional al “modelo”), por una democrática. La gestión del gobierno fue modernizada con el enfoque de las políticas públicas. Quizás ello explique buena parte de los éxitos logrados por los gobiernos de la Concertación. En lo internacional, los gobiernos democráticos han apoyado el multilateralismo, rechazando la guerra unilateral contra el terrorismo y han desarrollado políticas para una inserción diversificada en la sociedad mundial. Los servicios sociales de la dictadura eran de mala calidad o caros, lo que la Concertación ha procurado revertir. Y hoy el gobierno propone un sistema integral de protección social. También ha sido importante una mejor interpretación de la historia del país.

Ambos humanismos entienden que todos los chilenos son los intérpretes válidos de su historia, no algunos “iluminados”, y también de su futuro, porque es de ellos de donde podrán salir las soluciones a los problemas que enfrentemos. Parece claro que las ideas y el buen gobierno del marco democrático (post oligárquico) ganaron el corazón de los chilenos y eso explica en buena parte la continuidad de los gobiernos de la Concertación. Hay un acuerdo social extendido en que el principal contenido de lo nacional es la situación del conjunto de los chilenos, quienes requieren expresarse libremente. Democracia y desarrollo han podido darse al fin la mano. De allí que la oposición busque demoler con consignas a las administraciones de la Concertación y maltrate sistemáticamente a la Presidenta (en lo que suele seguirla el resto de la clase política).

Pero, dependiendo de su liderazgo y su renovación, la Concertación puede volverse estéril en ideas adecuadas, pobre en la calidad de sus políticas públicas, impotente en lo político, o ser rechazada por la mayoría. ¿Y cómo afectaría el deterioro de la Concertación al sistema no oligárquico en construcción? Este es, me parece, el aspecto más relevante del tema. Ni la robustez del marco ya creado, ni la unidad a toda costa de la Concertación garantizan que su creatividad y calidad política se mantengan al día. Ambas son condiciones necesarias, pero insuficientes. Por otra parte, ¿podría ser profundizada la constitución de un sistema post oligárquico sin el concierto del humanismo cristiano y el laico en la Concertación? Ello requiere un agente político que hoy no existe, ni está planteado. La falta de una unión creativa en la Concertación podría marcar un retroceso en el sistema político y su gobernabilidad, así como una desesperanza difusa.

Analizan y responden…

¿Por qué la DC es parte de una coalición de centro izquierda? Jorge Navarrete P. – Expansiva.

Se trata de una pregunta de moda que, sin embargo, se viene haciendo de distintas formas y maneras desde que nació la actual coalición de gobierno. La perspectiva que nos presenta el artículo da cuenta de la importancia de la alianza entre humanismo cristiano y humanismo laico, tanto en lo que se refiere al proceso de consolidación democrática como a una particular forma de pensar las políticas públicas.La segunda pregunta obvia, que también hemos escuchado en reiteradas ocasiones, es ¿por qué mayoritariamente en el mundo la DC es parte de gobiernos de centro derecha? Cualquiera que haya leído la historia política de Chile notará que lo fundamental del debate entre la derecha y la izquierda hace referencia a cuestiones económico sociales. Puesto así, no debería extrañar a nadie que muchos demócratas cristianos, por no decir la gran mayoría, se miren a sí mismos como parte del movimiento progresista. No sólo ahora, debería agregar, sino desde siempre. Lo fue cuando se defendió la “cuestión social” para dejar el partido conservador o cuando se impulsó la nacionalización del cobre, la reforma agraria o la promoción popular.

Las diferencias de la DC con el gobierno de Salvador Allende no estuvieron motivadas por diferencias económico sociales (basta simplemente recordar el programa de gobierno de Radomiro Tomic). Por el contrario, la disputa estuvo centrada en el valor de la democracia y la libertad, como pilares fundamentales de la convivencia civilizada, incluso por sobre la necesidad de una mayor igualdad social. Sin ir más lejos, esa valorización de la democracia hizo que la DC tomara rápidamente distancia del gobierno militar y volviera a generar un pacto de gobernabilidad con la izquierda, pero, eso sí, con aquella izquierda que estaba dispuesta a renunciar a la violencia como instrumento de acción política. Por tanto, no es de extrañar que la alianza entre humanistas laicos y cristianos tenga una larga vida por delante. Más todavía, cuando pese a todo lo que hemos avanzado en estos años de democracia, persiste el desafío de hacer de Chile un país más justo e igualitario.

¿Dificultades o fin de una trayectoria? Ignacio Illanes, Director programa Sociedad y Política Libertad y Desarrollo.

El solo hecho de estar discutiendo “la unidad de la Concertación” demuestra la profundidad de las dificultades que está sufriendo la coalición de gobierno. La pregunta es cuán profundas son esas dificultades y si eventualmente marcan el fin de esa trayectoria común que se iniciara a fines de los 80. Eugenio Lahera busca la unidad perdida apelando a la historia de la Concertación y a los logros de sus tres gobiernos previos. Pero desde mi punto de vista, cuando se apela exclusivamente al pasado como factor de unidad, es porque ya no quedan proyectos de futuro, capaces de mantener reunidas a “las huestes”. El desgaste de personas, ideas y también de los sueños parece haber minado la esencia original de la Concertación. No hay que desconocer sus logros (algunos heredados del círculo virtuoso de crecimiento iniciado durante los 80), pero sí es claro que la fuerza original de la Concertación, aquella que en todas las elecciones renovaba caras e ideas, hoy aparece desgastada, llena de rencillas pendientes, parlamentarios que se desmarcan de los problemas de Gobierno y divergencias cada vez más profundas en materias fundamentales, que van desde el modelo económico y social (Expansiva vs. Chile 21) a lo valórico (DC vs. díscolos).

Por otra parte, la falta de una agenda pública clara y coherente en todos+ sus frentes también ha contribuido a las divisiones internas de la Concertación. Frente a la ausencia de liderazgos que deben ser marcados por el Gobierno, aparecen las agendas propias de los distintos sectores de la Concertación, que hoy dificultan un avance más acelerado de las políticas que el país reclama con urgencia, especialmente en temas como educación y crecimiento económico. Así, la falta de unidad de la Concertación no es sólo un tema político: importa también una creciente incapacidad para implementar políticas públicas innovadoras. Este estancamiento -y retroceso, en ciertos temas- pueden significar el fin de los gobiernos de la Concertación.