Serena firmeza

Publicado : 14 Diciembre, 2011 en Voz Chile 21

Por Gabriel Gaspar

Nuestra política de defensa, consagrada en las tres versiones del Libro de la Defensa Nacional, proclama que la disuasión y la cooperación son dos dimensiones ineludibles de nuestro quehacer estatal. Ambas contribuyen a estabilizar las relaciones internacionales, creando así un ambiente de paz y respeto al derecho. Su articulación contribuye a “apreciar todas aquellas variables de origen externo que influyen sobre la seguridad del país”.

Como es de público conocimiento, enfrentamos como Estado un serio desafío. Un país hermano, el Perú, ha desconocido los instrumentos que norman nuestro límite marítimo desde hace más de medio siglo. El tema está en un ámbito arbitral; se calcula que a mediados de 2013 salga humo blanco. Nuestro otro vecino nortino, la hermana república de Bolivia, reitera su demanda histórica en medio de la ruptura de la llamada “agenda de los 13 puntos”.

La respuesta a este tipo de desafíos tiene que ser necesariamente estatal. Nadie quiere una crisis, pero para evitarla hay que maniobrar usando el potencial nacional en todos sus campos. Es un tema de alta política, que supera la separación entre gobierno y oposición, y que involucra a los tres poderes del Estado. Los Estados son permanentes, se prolongan más allá de cualquier mandato electoral. Por eso, las relaciones con otros Estados deben ser vistas a largo plazo.

En la actualidad, los chilenos atravesamos por una coyuntura en la cual se ha hecho muy difícil construir consensos sobre aspectos básicos de nuestro funcionamiento como país, los liderazgos son débiles y el sistema de representación está agotado. Es un tema nuestro, que habrá que resolverlo, pero que puede crear la imagen de un país debilitado.

Sobre la base de una cohesión nacional reafirmada, con una justa apreciación del desafío, es posible avanzar en conductas de Estado que nos permitan una sana convivencia con el Perú, y construir junto a nuestros hermanos bolivianos una fórmula concreta, útil y factible que deje atrás el siglo XIX.

Nuestra institucionalidad tiene instrumentos para este tipo de situaciones, que colocan la conducción de estos temas en un nivel estatal y permiten que los tres poderes del Estado opinen sobre ellos. Sería del todo recomendable su convocatoria. La política exterior, así como la política de defensa, siempre deben estar en consonancia, y para ello hay que elevarse más allá de los legítimos intereses de la coyuntura, para situarse en los intereses de largo plazo, que involucran a todos los chilenos.