Qué esperar y no esperar de la Inscripción Automática

Publicado : 13 Diciembre, 2011 en Voz Chile 21

Por Gloria de la Fuente

La aprobación del proyecto de ley que implementa la inscripción automática en Chile es hoy casi un hecho, la resistencia original de varios parlamentarios a esta iniciativa – sospechamos que más inspirada en el cálculo electoral que en principios democráticos- hoy se ha transformado en un acuerdo transversal entre la mayoría del oficialismo y la oposición. Esto implica que tendremos inscripción automática para la elección municipal 2012, lo que se traducirá en un crecimiento significativo del número de electores (8 a 12 millones de personas), en su mayoría jóvenes entre 18 y 29 años.

Es una buena noticia, porque de no aprobarse esta ley ¿qué escenario se configuraba?. Hay que recordar que en Chile el sufragio es voluntario desde que se aprobara la reforma constitucional del año 2009, la misma que señalaba la necesidad de generar una ley para consagrar la inscripción automática y que hasta aquí había encontrado férreos detractores. Así las cosas, lo que nos esperaba – en ausencia de inscripción automática y ante la desaparición de la sanción por no concurrir a votar (del que sólo era cosa de tiempo que los ciudadanos fueran conscientes), unido a campañas políticas poco atractivas y derechamente fomes – era una real amenaza para el sistema político, porque se habría consagrado un sistema que acepta la auto exclusión y, a la vez, excluye a más de 4 millones de personas de los registros electorales, bajo la lógica de un sistema donde la certidumbre de resultado es muy alta y la competencia escasa.

En este cuadro, vale la pena preguntarse ¿qué esperar y que no esperar de la inscripción automática?.

Lo primero que hay que señalar es que, no cabe duda que con inscripción automática y ante la existencia de voto voluntario, es muy probable que voten menos personas. Esto por dos factores: porque al eliminarse las sanciones, podrían votar menos de los actualmente inscritos y porque, de los nuevos inscritos, es posible que no todos concurran a las urnas. La experiencia internacional avala esta idea, independiente del sistema político, las personas votan menos en democracias que tienen sistemas electorales donde no hay sanciones por no concurrir ir a votar. ¿Es esto una cosa dramática? No si se considera que si bien los procesos electorales son la forma más relevante de participación democrática, no son la única y, en este sentido, que duda cabe que nuestro sistema político clama por avanzar sobre mecanismos institucionales que consagren nuevas formas de participación como la iniciativa popular de ley o los plebiscitos vinculantes. De esta manera, se equivoca los que tienen puestas en este proyecto las esperanzas de una mayor participación en elecciones.

¿Cuál es entonces la verdadera contribución de este proyecto? Sin duda, la inyección de incertidumbre que obligará a la competencia y a la conquista de los electores. En efecto, ante la interrogante que significa el ingreso de nuevos electores y la posibilidad potencial de que muchos de los ya inscritos decidan no ir a votar, cambiará la naturaleza de las campañas electorales y con ello, las temáticas y la conquista de los ciudadanos. Esta incertidumbre obligará a generar esfuerzos para movilizar a un electorado que se desconoce y, por lo tanto, aumentará la competencia. Sabido es que, ante el comportamiento estático del padrón electoral, los candidatos tienen pocos incentivos de generar propuestas sustantivas para aquello que no son sus potenciales electores.

Hace ya tiempo venimos percibiendo cierta inercia en el sistema político, cierto sentido de auto conservación que, en la práctica, ha limitado toda posibilidad de reformar el sistema político y de paso, ha sido una contribución para la profundización de la crisis de representación. De esta forma, lo más importante de esta iniciativa es que constituye un punto de partida para reformas de otro tipo que no cabe duda es necesario hacer, dado que más competencia en el sistema puede significar que temas postergados en la agenda política, pasen ahora a tener una posición relevante.

De esta manera, estamos apenas en el punto de partida de una enorme batalla.